AIRD: Industria, innovación y tecnología

17 enero 2019

La velocidad de los cambios produce vértigo en muchas empresas, instituciones y países que viven sus procesos sobre las bases de la tradición, de lo aprendido para dar respuestas a circunstancias pasadas, distintas a las presentes. En ese sentido, la industria o institución gubernamental que quiera ser competitiva está obligada a la innovación permanente, sin dejar de lado algunos elementos clave de sus tradiciones y valores corporativos.

La Asociación de Industrias de República Dominicana (AIRD) plantea como uno de los retos clave del presente año el de la innovación. El Poder Ejecutivo promulgó el decreto 453-2018, que declara el 2019 como “Año de la Innovación y la Competitividad”. Este decreto tiene como objetivo: a) Facilitar el comercio; b) Simplificar las regulaciones; c) Optimizar y transformar los procesos productivos; d) Aumentar las exportaciones; y, e) Profundizar las alianzas público-privadas.

En cierto sentido, puede decirse que el sector público y el sector privado miran, durante estos 365 días, en la misma dirección. Puede afirmarse que la razón de ser de enfocarse en la innovación y la competitividad lo es el necesario, urgente e imprescindible crecimiento de la productividad y del valor agregado nacional, así como el aumento de las exportaciones. Para esto se requiere el desarrollo y fomento del capital institucional, el capital humano y la investigación y desarrollo.

La apuesta, como punto de partida, es simple y aunque tiene muchas vertientes, dos son fundamentales. La primera, la apuesta por la innovación, la investigación y desarrollo. La segunda, un marco institucional y político que fortalezca los encadenamientos productivos en el empresario entero y favorezca el hacer negocios competitivos con los mercados extranjeros, es decir, que favorezca las exportaciones (el modelo vigente tiene serias distorsiones que conducen a incentivar las importaciones, y que deben ser superadas).

 

Al pensar en la oferta exportadora nacional, analizar la complejidad de los mercados a los cuales se desea llegar o consolidarse, la exigencia de los consumidores locales y extranjeros, el lugar del país en el mapa de la competitividad, se constatan serias limitaciones tanto en el aparato productivo nacional como en el marco institucional o de negocios que reducen las posibilidades de crecer en las exportaciones. Un indicador lo es la participación porcentual de las exportaciones en el PIB nominal, la cual no sobrepasa el 15% (en Chile, las exportaciones representan cerca del 60% de su PIB nominal).

Capital humano

En el Segundo Congreso de la Industria Dominicana se indica que “no hay forma de ser plenamente competitivos con los niveles educativos actuales de nuestro más valioso capital, el humano…”. El mercado laboral requiere niveles más altos de destrezas de la fuerza de trabajo y las empresas requieren políticas de fomento a la innovación. Por ello se habla que, desde la óptica de educación superior, el triángulo de la competitividad tiene que ver con acceso a la tecnología, un excelente sistema de educación y capacidad de innovación.

Históricamente en República Dominicana ha sido muy reducida la integración universidad-empresa, lo que es una dicotomía, pues son estas las generadoras del capital intelectual que necesitan las industrias. En un mundo altamente cambiante y competitivo, para lograr las metas establecidas por este sector la AIRD considera esencial fortalecer esta relación. Sólo es posible hacer frente a los veloces cambios que están ocurriendo con una alianza sólida de las academias con las empresas industriales y de estos dos agentes con las instituciones estatales que crean el nicho adecuado para el desarrollo de la innovación.

 

La alianza con las universidades –en el marco de un Estado eficiente– favorece el que la innovación sea parte del desarrollo competitivo y, por lo tanto, alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ya se están dando giros significativos en la educación básica y media en República Dominicana. La deficiencia en este sistema fue un talón de Aquiles. Pasará todavía un tiempo antes de que los frutos de esta “revolución” puedan verse como dominantes en la sociedad dominicana. Sin embargo, no se trata de esperar pasivamente los resultados. A la vez que se transforma el sistema de educación básica e intermedia, han de iniciarse y profundizarse transformaciones en la educación técnica y superior dominicana.

En cuanto al financiamiento de la innovación, este no es sólo obligación del Estado, es también una obligación del sector empresarial, el cual ha ido ampliando su involucramiento con extraordinarias apuestas, tanto colectivas (desde la asociación y los clústeres productivos) como individuales (desde diversas empresas). Sin embargo, no es posible avanzar destinando apenas un 0.1% del PIB a la innovación y sin objetivos claros.

Industria y economía digital

La internet ha sido ese eje poderoso que articula conocimiento y tecnología. Su desarrollo impulsó tanto la difusión de conocimientos como el incremento del consumo. Hizo posible se definieran o redefinieran una cantidad inmensa de servicios. Puede decirse que borra fronteras, especialmente cuando débiles reglas protegen la competitividad del mercado interno.

En ese panorama cabe preguntarse si la industria puede seguirse pensando como “manufactura” en el sentido estricto de la palabra. Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) titulado “La nueva revolución digital: de la internet del consumo a la internet de la producción”, aporta algunos elementos de respuesta.

 

Es importante la penetración de la internet para entender otros fenómenos. Esta variable muestra un crecimiento espectacular, pero insuficiente: del 2006 al 2014 la penetración de internet en América Latina y el Caribe pasó del 20.7% de la población total al 54.4%, pero en los países desarrollados (OCDE) alcanzó el 79.6% de la población y se considera casi total, porque el acceso es mayor que la penetración.

El informe de la Cepal (2016), vaticinaba que soluciones vinculadas a la industria moverían, en ese año, más de US$50,000 millones y que dicha cifra alcanzaría, para el presente año, cerca de US$100,000 millones. Una duplicación en apenas tres años.

La innovación en marcha afecta y afectará cada vez más profundamente a la industria. Se trata de una nueva revolución digital, un nuevo paradigma productivo, de nuevos modelos de negocio y producción, con varios actores impulsando nuevas condiciones y necesidades.

¿Podrá transformarse la cultura de la industria nacional? ¿Podremos enmarcarnos, vía tecnología e innovación, en el internet de la producción? Este es uno de los retos planteados por la AIRD para el presente año.

Para República Dominicana las fuerzas tecnológicas seguirán siendo exógenas. El país dista mucho de lo deseable en inversión en investigación y desarrollo, además de que se encuentra muy rezagado en capital humano que lidere tal tarea.

La innovación pasa por el internet de las cosas, el cual es el futuro de la industria y la economía y es el marco de la Cuarta Revolución Industrial.