Países en desarrollo buscan fondos para prevenir el impacto del coronavirus

Los países de bajos y medianos ingresos ya han sido severamente afectados por las salidas de capital récord, por una caída del precio del petróleo, por un colapso en los ingresos del turismo y por una fuerte caída en la demanda de sus exportaciones; pocos cuentan con el espacio fiscal para hacerles frente a las crisis económica y de salud que se están desarrollando.

Durante las últimas semanas, 85 países han contactado al FMI para solicitar asistencia de emergencia a corto plazo, alrededor del doble del número que solicitó ayuda del fondo inmediatamente después de la crisis financiera de 2008.

Posteriormente, el FMI triplicó su capacidad crediticia a US$750 mil millones y asignó un poco más de US$270 mil millones en derechos especiales de giro (DEG), un ‘sustituto’ de los activos de reserva de divisas que se ponen a disposición de los miembros del FMI en proporción con su participación en la economía global.

La semana pasada, Kristalina Georgieva, la directora general del FMI, dijo que una “estimación muy conservadora y en el bajo rango” de la necesidad financiera de las economías emergentes era de US$2.5 billones. Incluso si las economías emergentes consumieran todas sus reservas de divisas para enfrentar la crisis, aún necesitarían al menos US$700 mil millones en fondos adicionales.

 

El análisis realizado por Morgan Stanley muestra que un sinnúmero de grandes mercados emergentes — desde Colombia y Egipto hasta países ya estresados como Pakistán y Ecuador — pudieran tener dificultades para satisfacer sus necesidades de financiamiento externo en un escenario en el que los viajes transfronterizos se detuvieran; en el que las entradas de remesas cayeran; en el que los precios del petróleo se mantuvieron bajos; y en el que un tercio de la inversión extranjera de cartera desapareciera.

Según la firma consultora Oxford Economics, las economías de bajos ingresos productoras de petróleo como Angola, Mozambique y Bolivia también están muy expuestas.

La principal preocupación del FMI y del Banco Mundial es la gran cantidad de países de extrema pobreza — muchos en el Sahel y en el África subsahariana — que no pueden acceder a los mercados internacionales y que no tienen espacio fiscal para aumentar el gasto en salud o proteger a las personas de un choque económico.

Más del 40 por ciento de los países más pobres del mundo — y la mitad de los activos en los mercados internacionales de bonos — ya estaban agobiados por la deuda o estaban en riesgo de estarlo antes de que llegara la crisis. El FMI puede proporcionar US$50 mil millones en financiamiento de emergencia, incluyendo US$10 mil millones para préstamos al cero por ciento de interés a los países de bajos ingresos, y espera duplicar el monto disponible a través de esos préstamos durante sus reuniones de primavera en dos semanas. El Banco Mundial aprobó un financiamiento acelerado de US$14 mil millones; su objetivo es poner a disposición otros US$160 mil millones en los próximos 15 meses.

Estas medidas pudieran proporcionar ayuda de emergencia hasta que se establezcan préstamos más complejos y de más largo plazo.

La semana pasada, el FMI y el Banco Mundial pidieron una moratoria en los pagos de la deuda a los acreedores bilaterales oficiales, lo cual pudiera liberar US$14 mil millones con vencimiento en 2020 que, en gran parte, probablemente se le deban a China. El FMI también ha suspendido los pagos de deuda de los países más pobres que reciben apoyo a través de su Fondo Fiduciario para Alivio y Contención de Catástrofes (FFACC).

Pero Gabriel Sterne, de la firma consultora Oxford Economics, argumentó que el problema más importante era cuán rápido las instituciones multilaterales pudieran canalizar cantidades mucho mayores de financiamiento hacia los países que pudieran quedar excluidos de los mercados internacionales.

Un ex alto funcionario del FMI que no quiso ser identificado dijo que el alivio de la deuda era deseable ya que las dificultades de pago pudieran obstaculizar los nuevos préstamos, pero “se necesitan transferencias reales en este momento”.

El funcionario añadió: “Si yo estuviera en el FMI en este momento estaría revisando mis recursos y preguntando, ¿tengo suficiente?”.

Antes de que estallara la crisis, aproximadamente una quinta parte del US$1 billón en capacidad crediticia del Fondo estaba acaparada por los programas existentes. La mayor parte del resto no se puede necesariamente distribuir a gran velocidad, ya que involucra complejos acuerdos con los países miembros que toman tiempo para activarse.

Pero esta semana, la Sra. Georgieva dijo que el total de US$1 billón había sido restaurado. “EEUU recientemente aprobó la duplicación de los acuerdos de endeudamiento del Fondo y nuestra junta ejecutiva acordó ayer una nueva ronda de préstamos bilaterales para asegurar la capacidad crediticia del FMI de US$1 billón”, señaló ella el martes.

El lunes, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le pidió al FMI que pusiera a disposición un US$1 billón adicional a través de DEG, lo cual pudiera casi equivaler a dinero en efectivo en el caso de los países de bajos ingresos. La ONU también argumentó que una ayuda adicional de US$500 mil millones, en gran parte en subvenciones, debería destinarse a servicios de salud de emergencia y a asistencia social.

Parece poco probable que esto suceda rápidamente. La asignación de DEG requiere complejas aprobaciones por parte de los gobiernos nacionales — incluyendo el Congreso estadounidense — y las asignaciones a los países pobres sólo comprenden una pequeña proporción del total.

Arvind Subramanian, un miembro del Instituto Peterson para la Economía Internacional (PIIE, por sus siglas en inglés), dijo que el FMI y el Banco Mundial pudieran hacer más para reforzar su capacidad de préstamo bajo las normas existentes, ya fuera pidiendo préstamos en mercados internacionales o mediante la emisión de DEG. “Depende de la voluntad política que puedas dedicarle a esto”, dijo el Sr. Subramanian.

Pero hasta ahora ha habido poca respuesta pública ante el llamado de los prestamistas multilaterales para el alivio de la deuda o ante la advertencia del FMI de la necesidad de reforzar sus recursos; muchos han sugerido un contraste con el impulso para ayudar a los países más pobres encabezado por el G20 en 2009. Y algunos temen que las reuniones del FMI y del Banco Mundial de este año que se están llevando a cabo en línea puedan dificultar ejercer la presión necesaria.

“Si tienes una reunión virtual con el FMI, ¿vas a obtener toma de decisiones, o lograr que los países avanzados comprendan la urgencia que sienten los países en desarrollo?” preguntó el ex funcionario del FMI. “Se necesita liderazgo en el Occidente. Pero todos están pensando en sí mismos”, agregó.

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