Santiago Márquez, ''Yo veo un nuevo modelo económico en puertas, en donde la mujer será la protagonista''.

En Georgia viven casi un millón de latinos de acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos. Hasta hace poco el estado sureño no era la primera opción contemplada para emigrar, pero en una década -entre 2000 y 2010- el panorama cambió drásticamente: la presencia latina creció 96% haciendo que Georgia hoy en día sea una de las diez entidades con mayor población hispana. 

El área metropolitana de Atlanta -especialmente los condados de Cobb, Fulton, DeKalb y Gwinnett- son hogar para más de la mitad de ellos, aunque ciertamente la presencia latina se ha ido extendiendo por toda la geografía de Georgia. Y así como crece en número, crece también su aporte al éxito y sustentabilidad económica del estado, aunque el desafío sigue siendo el mismo: la desigualdad. Uno de cada tres migrantes latinos en Atlanta vive en la pobreza; una de cada cuatro de las familias padece inseguridad alimentaria; 42% de los estudiantes abandona la secundaria y solamente 13% obtiene un título universitario. 

Atender las necesidades de esta vasta comunidad se ha convertido en la prioridad de muchas organizaciones, que entienden además cuán imprescindible es comprender la complejidad cultural, política, social e incluso idiomática que forma parte de la esencia latina. 

En esta historia un capítulo aparte merece la Asociación Latinoamericana, que en sus casi 50 años de fundada es un referente obligatorio. Lo que comenzó en 1972 como una pequeña organización de ayuda a la emergente población latina de Atlanta hoy en día es un vibrante centro comunitario que nunca descansa. De día, de noche o durante los fines de semana, siempre hay actividades y servicios disponibles. Y así como aumenta el flujo de gente que entra y sale del edificio, crece el impacto positivo que la organización ha logrado en la comunidad latina.

Desde julio de 2020 -en medio de la pandemia- Santiago Márquez asumió la dirección ejecutiva de la Asociación Latinoamericana. Admite que no ha sido sencillo, pero reconoce la inquebrantable mística de un equipo que, tras la irrupción del Covid-19, entendió que su compromiso era aún mayor. Aunque las puertas del edificio se cerraron temporalmente, el trabajo nunca se detuvo: modificaron procesos, redimensionaron objetivos y replantearon prioridades para garantizar que, en tiempos tan convulsos como estos, los hispanos cuenten siempre con un apoyo incondicional y desarrollen habilidades que les permitan estar más preparados para enfrentar un futuro que, de momento, parece más incierto.  

 

Hagamos un recuento del último año: ¿Cómo ha sido transitar el empedrado camino que nos ha impuesto a todos la pandemia, cuando hablamos de una organización que impacta a tantas personas?

Ha sido muy difícil. Al inicio nuestro trabajo se limitó drásticamente, pese al compromiso que asumió nuestro equipo. Inicialmente el único departamento que continuó operaciones durante la pandemia fue el de inmigración. Sin temor a equivocarme puedo decir que somos la única organización hispana en Georgia que cuenta con abogados -además de profesionales paralegales- de inmigración, enfocados en atender a personas de bajos recursos o que simplemente no pueden pagar esos servicios. No podíamos dejar de atenderlos de la noche a la mañana y arriesgar su permanencia en el país. Aunque manteníamos las puertas cerradas, las personas se acercaban y les dábamos acceso, siguiendo por supuesto los debidos protocolos de bioseguridad para no arriesgar a visitantes y empleados. Poco a poco comenzaron a incorporarse los trabajadores a sus puestos de trabajo, mientras otros preferían seguir en casa. Desde el 12 de julio ya estamos todos de vuelta bajo un esquema híbrido: 3 días en la sede y los otros dos de manera remota. Los gerentes se aseguran de coordinar los horarios para alternar la presencia en las oficinas. La seguridad de nuestros empleados y de nuestros visitantes es nuestra prioridad, por eso aún no estamos trabajando a total capacidad. 

En cuanto al alcance de nuestras operaciones, en 2020 prestamos servicios a 45 mil personas. Muchos de manera virtual, algo que jamás hubiéramos imaginado. Aprendimos a hacer diagnósticos virtuales o por teléfono, a dar clases vía zoom. Pudimos aportar -gracias a la ayuda federal y privada recibidas- alrededor de US $720.000 para pagar el alquiler de viviendas de quienes se quedaron sin empleo. Y le facilitamos comida semanalmente a más de 500 familias. Eso sin mencionar las jornadas de salud y vacunación que seguimos haciendo. 

 

Y, en retrospectiva: ¿Qué aprendieron? ¿Qué puede hacerse diferente? Uno podría suponer que la pandemia dejó al descubierto necesidades que antes tal vez no existían dentro de la comunidad latina y, por tanto, no eran una prioridad para la Asociación. ¿Es así?

Yo creo que el primer aprendizaje es que un espacio físico no puede limitarnos; por el contrario, es perfectamente posible prestar servicios de calidad a distancia, de manera virtual o telefónica y así extender nuestro radio de acción a todo el estado. A raíz de la pandemia podemos atender a personas que antes no se beneficiaban de nuestras ayudas por la logística que implicaba trasladarse hasta alguna de nuestras tres sedes o por falta de tiempo. Aunque la participación presencial sigue siendo recomendable para clases con cierta complejidad técnica o discutir asuntos migratorios: facilita esclarecer dudas, explicar detalladamente los procesos, inclusive leer el lenguaje corporal y ser empáticos, porque muchos de quienes solicitan nuestro apoyo tienen miedo de lo que pueda ocurrirles. 

Tenemos que ampliar la ayuda para garantizar la comida en las mesas. Ahora lo estamos haciendo de una manera más controlada y organizada: una vez al mes, pero a mayor escala, con el aporte de otras organizaciones. Seguimos manteniendo un banco de comida abierto al público: simplemente deben solicitar una cita con nuestros consejeros y ellos los autorizan a buscar lo que necesiten para cubrir sus carencias básicas. 

Otra prioridad: seguir siendo un agente formador de la comunidad latina en Georgia, la desinformación es muy peligrosa. Cuando nos reunimos hace unos meses con la doctora Deborah Birx (quien encabezó el equipo de respuesta ante el Covid-19 de la Casa Blanca durante la presidencia de Donald Trump) y el gobernador Brian Kemp para discutir el aumento de contagios en la comunidad hispana, les expresamos que una de las principales causas de este problema era la falta de información. Muchos latinos no tenían acceso a información en su idioma y eso les impedía tomar decisiones acertadas. Y esa desinformación no se limita a la pandemia, es en general: sobre los procesos migratorios, las opciones gratuitas de salud, el acceso a programas de ayuda económica, las organizaciones que pueden ayudarles en casos de violencia doméstica y de género. 

 

Hablando de mujeres, la pandemia es responsable de un importante retroceso en materia de igualdad de género: la Organización de las Naciones Unidas reportó que, a finales de 2020, 321 millones de mujeres en todo el mundo -frente a 182 millones de hombres- estaban excluidas de la fuerza laboral, en gran parte por el aumento de la responsabilidad doméstica que recayó en sus hombros (mencionemos solamente el cuidado de los niños y su educación virtual, eso es suficiente). Muchas otras se convirtieron en proveedoras exclusivas del hogar. ¿Cómo ha abordado la Asociación el impacto que el Covid-19 tendrá en el futuro profesional desde la perspectiva de género?

Las mujeres latinas siempre han tenido un rol protagónico en la Asociación. Apostamos a su empoderamiento económico, mucho más ahora desde que transitamos por esta pandemia. Desde 2014, con el apoyo de Fundación Coca-Cola, establecimos el programa ¡Avanzando Juntas! donde le brindamos herramientas de formación a las mujeres para desarrollar sus talentos, habilidades e intereses. Hemos formado a más de cuatro mil participantes y la pandemia no nos detuvo; migramos al modelo virtual de enseñanza y nos fue bastante bien.

Esa visión del empoderamiento económico femenino está más vigente que nunca, porque muchas mujeres decidieron no regresar al trabajo para quedarse en casa o no han logrado regresar a la fuerza laboral. Y, desde mi punto de vista, eso constituye una tremenda oportunidad: es una nueva economía que está en puertas. Muchas mujeres decidirán abrir sus propios negocios y no regresar a sus trabajos habituales. Preferirán trabajar desde casa a tener que pasar 50 o 60 horas semanalmente en algún lugar. Allí hay una oportunidad tremenda para que podamos ayudar a las mujeres hispanas a abrir sus negocios. Brindándoles las herramientas para que puedan tener éxito, crear un plan de negocio, abrir sus empresas. Lo que tenemos que hacer nosotros es guiarlas para que sigan ese camino. 

Y las estadísticas nos apoyan: hace 4 años formamos parte de un estudio de la Universidad de Stanford en el área, donde participaron aproximadamente 500 negocios hispanos. El estudio concluyó que los negocios liderados por mujeres crecen más rápido que los manejados por hombres, aun cuando sean 3 veces más pequeños que los de ellos. Pero un dato aún más relevante: muchos de estos dueños de negocio carecían de una formación profesional y, por tanto, no están familiarizados con temas de administración de empresas – cómo crear un plan de negocio, las mejores estrategias, el correcto manejo de las finanzas. Existe una inmensa necesidad de servicios como los que ofrecemos, especialmente enfocados en la perspectiva femenina, que les permita cultivar o hacer crecer su negocio. Y están al alcance de su mano, pero muchas aún no se atreven. 

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