La pandemia fue el golpe económico más fuerte que hemos sufrido en décadas, nadie se lo esperaba

Con más de 20 años residenciado en Atlanta, Rubén Navarro es de esos venezolanos que pareciera conocer a todos sus paisanos en la ciudad. Y quizás sea así. Quienes lo han tratado desde que llegó en 1996 desde Barquisimeto, al occidente del país, coinciden en identificar su trato amable, cálida sonrisa y su natural disposición de ayudar a quien lo necesite. Como buen inmigrante, valora lo que significa contar con una mano amiga. 

Es inquieto y su mente también. No le teme a la palabra reinvención, la ha conjugado en unas cuantas ocasiones.  Como por ejemplo cuando decidió abrirse camino, luego de producir eventos por muchos años para compañías como The Masquerade, Live Nation y Fox Teather, para fundar R&R Entertainment Group. Ahora junto a su equipo contrata directamente a los artistas, negocia con los locales y patrocinantes y es el responsable de sus campañas de publicidad. 

Entre los promotores de eventos se le reconoce por su esmero en cada detalle, extremada organización y un impecable trato personalizado, que le ha ayudado a traer a Atlanta -en menos de una década- a artistas de peso como Ricardo Montaner, Rubén Blades, Jarabe de Palo, Los Pericos, Guaco, Chino y Nacho, entre otros. Descubrió el gran mercado que, en nombre de la nostalgia musical, atraen cantantes venezolanos de la vieja guardia como Yordano, Pedro Castillo, Frank Quintero o Ilan Chester y logró convertir en éxitos de taquilla los espectáculos de humor que Emilio Lovera, Laureano Márquez, Amílcar Rivero y Érika de la Vega presentaron en Atlanta.

 

Rubén, la pandemia ha dejado una huella imborrable en el mundo. ¿Cómo te afectó a ti, a los productores de eventos? Quizás sea un error común considerar que este sector no es prioritario y, por ende, se minimiza el impacto que causó el Covid- 19.

Mira, te puede sorprender la cantidad de personas que depende económicamente de esta actividad. No somos únicamente los productores, promotores de eventos o los artistas. Por detrás de los micrófonos y las tarimas hay todo un ejército de sonidistas, lumínicos, gente encargada de llevar y montar equipos. Sin mencionar transporte, seguridad. Y me quedo corto. La pandemia fue el golpe económico más fuerte que hemos sufrido en décadas, nadie se lo esperaba. Tuvimos que paralizar nuestras actividades por completo, cortar cien por ciento nuestra fuente de ingresos. Nos prohibieron producir, rentar un local, hacer eventos o fiestas. No tuvimos la suerte de otros sectores que pudieron seguir a media marcha y tampoco recibimos incentivos federales. Recién hace poco el gobierno federal ofreció una tímida ayuda dirigida solamente a los locales que no podían abrir sus puertas. Pero la verdad es que la gran mayoría en el sector quedó totalmente desamparada. Tuvimos que reinventarnos, unos con más suerte que otros. Pierdo la cuenta de cuántos se fueron a la quiebra o perdieron su casa, porque como trabajadores independientes no podían cobrar la ayuda por desempleo. No podían ni siquiera pagar sus cuentas de teléfono.

 

Y ahora, ¿Sientes que la incertidumbre de la pandemia quedó definitivamente atrás? 

No, para nada. No podemos bajar la guardia ante algo tan impredecible como el Covid-19. Es verdad que ya podemos reabrir -aunque con capacidad limitada- pero la amenaza sigue ahí. Es como volver a empezar y eso implica ajustarnos a una nueva realidad: apretarnos los pantalones para reducir costos y entender que no podemos tener ya las mismas ganancias. Es un gran sacrificio. He tenido que tomar decisiones drásticas, como reducir el equipo de trabajo, la contratación de seguridad para los eventos, negociar más agresivamente los precios de alquiler de locales y equipos y lo más importante, cobrar menos por las entradas. Según mis proyecciones, siendo optimista, será en un año y medio cuando pueda obtener ganancias similares a las que tenía antes. 

 

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que R&R Entertainment Group realizó su último concierto? ¿Cómo es organizar un evento a gran escala en tiempos de Covid-19?

Mira, la huella de la pandemia se siente, no puedo negarlo. Mi último concierto fue en enero de 2020. Y recién ahora, casi 20 meses después, es cuando tenemos luz verde. Pero seguimos con capacidad limitada y eso significa menos entradas para vender y, por ende, menores ganancias. Aunque los costos sean los mismos, incluso más elevados, porque la pandemia trajo consigo escasez y consecuentemente, inflación en los costos de producción. Algunos insumos que hace dos años se conseguían en dos días, hoy simplemente no están disponibles o se tardan más de dos meses en aparecer y no sabes a qué precio. Por otro lado, las tarifas de los artistas son más elevadas. Piensa en el tiempo que pasaron sin producir ingresos.  Todo eso va sumando e inevitablemente hace que el precio que pagues por una entrada sea mayor. En mi compañía decidimos ser solidarios con los costos, no subir los precios, aunque eso implique lógicamente menores ganancias. Nos importa más ser solidarios con la gente, ayudarlos a distraerse, pasar un rato especial. Queremos darles la oportunidad de poder asistir a un evento, sin que les afecte tanto el bolsillo. 

 

Pero ¿Cómo manejar el aspecto psico social que implica un evento masivo en tiempos de pandemia? El miedo que pueda coexistir con esa necesidad de distraer la mente.

El miedo sigue en la calle. Muchos -aunque vacunados- todavía no quieren volver a sitios aglomerados porque prefieren esperar a ver qué pasa en los próximos meses, el impacto que generen los nuevos brotes. Nosotros no tenemos control sobre eso, aunque hacemos todo lo que está en nuestras manos para darles la mayor seguridad y comodidad. Es imposible meternos en sus cabezas para decirles u obligarlos a asistir a nuestros eventos. Nuestro equipo usa máscaras todo el tiempo y le recomienda a los asistentes usarlas, pero no puede obligarlos. La vacuna ha permitido que las normas se relajen y la gente se sienta más tranquila, pero el ambiente no es ni relativamente cercano a lo que teníamos antes. Muchos clientes asiduos me han llamado para decirme que tienen dudas sobre si ir o no a mis eventos.  Cada uno tiene sus propios miedos o se ha visto impactado económicamente. El costo que implica asistir a un evento es un lujo que, en este momento, no todos pueden asumir. Es verdad que luego de casi dos años de incertidumbre, pérdidas, restricciones y todo el impacto psicológico que ha ocasionado la pandemia todos merecemos un respiro y distraernos. Sin embargo piensa en quienes se quedaron sin empleo o apenas producen; para ellos no es opción gastar gran parte de su presupuesto en una noche de diversión. Eso, Dios quiera, podrán hacerlo más adelante.  

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