Rompiendo el código del éxito digital
"La valentía no significa no tener miedo, sino estar dispuesta a construir un nuevo camino allí donde nadie lo había intentado antes"
Anahiby Becerril
Destacada líder en el campo del Derecho Digital y la ciberseguridad, Anahiby Becerril ha forjado un camino innovador al unir dos mundos aparentemente distantes: el derecho y la tecnología. Su brillante trayectoria incluye reconocimientos como Top Woman in Cybersecurity Latin America 2021 y prestigiosas becas como la EU:CD Fellowship del European Union Institute for Security Studies.
En un sector tradicionalmente dominado por perspectivas técnicas y masculinas, Anahiby ha revolucionado el panorama de la ciberseguridad al integrar una visión humanista y de derechos fundamentales. Su enfoque único combina la experticia legal con la comprensión profunda de las implicaciones sociales de la tecnología, especialmente en áreas emergentes como neuroderechos y neurotecnologías.
Su estrategia de "hackear el sistema" va más allá de lo convencional, implementando tres pilares fundamentales: la reescritura de reglas para crear políticas públicas inclusivas, la formación de comunidades de apoyo entre mujeres en tecnología, y la transformación de narrativas tradicionales sobre el papel de la mujer en el sector tecnológico.
El impacto de su trabajo se refleja no solo en sus contribuciones a marcos regulatorios internacionales, sino también en su incansable labor por hacer la ciberseguridad más accesible y equitativa. Su participación en organizaciones como EU Cyber Net Expert Pool, ANIA, y Women in Cybersecurity (WOMCY) demuestra su compromiso con la creación de redes de colaboración y mentorías que impulsan el liderazgo femenino en tecnología.
Anahiby es elegida como una mujer Factor de Éxito por su visión revolucionaria que integra la innovación tecnológica con la justicia social, demostrando que la verdadera transformación digital debe estar centrada en las personas y sus derechos fundamentales.
A continuación te invitamos a leer la entrevista completa:
Cuando mira hacia atrás en su trayectoria, ¿ cuál considera que ha sido su decisión más audaz y cómo impactó en su desarrollo profesional?
Mi decisión más audaz fue atreverme a romper la supuesta barrera que separaba los derechos humanos de la ciberseguridad. Como abogada entusiasta de la tecnología, siempre he considerado que la ciberseguridad es un habilitador fundamental para el ejercicio y la garantía de nuestros derechos humanos en un mundo digital. Pero no fue fácil, especialmente cuando tantos colegas me repetían que eran áreas “incompatibles”.
Recuerdo en particular el consejo que me dio mi gran amiga Fátima, mi IGF buddy. Antes de asistir al Foro de Gobernanza de Internet (IGF), me dijo algo que todavía resuena en mi cabeza: “Vas a tener frente a ti a los mejores expertos del mundo. Sal de tu zona de confort y aventúrate a temas nuevos.” Y así fue como decidí dar un salto de fe y adentrarme a fondo en la ciberseguridad, combinándola con mis otra pasión: derechos humanos.
Al principio, muchos me miraban como si estuviera mezclando el agua con el aceite. “No hay espacio para hablar de ética en IA o equidad en tecnología”, decían. Pero yo veía algo distinto: un ecosistema digital en plena expansión, donde las decisiones tecnológicas pueden afectar directamente la libertad de expresión, la privacidad, la identidad y la seguridad de las personas. Así que me lancé con convicción a especializarme en ciberseguridad, bajo una perspectiva de derechos humanos, abriendo camino en un sector donde estas conversaciones aún no eran prioridad. Esta elección me ha llevado a foros internacionales, a espacios de toma de decisiones y a contribuir en regulaciones que buscan construir un futuro digital más seguro e inclusivo.
Aprendí que la valentía no significa no tener miedo, sino estar dispuesta a construir un nuevo camino allí donde nadie lo había intentado antes. En ese camino, me he encontrado con personas que también creen que la ciberseguridad no es solo un asunto técnico, sino una herramienta esencial para proteger lo más valioso que tenemos: nuestros derechos.
¿Qué estrategias ha implementado para romper barreras de género en sectores tradicionalmente dominados por hombres y abrir camino para otras mujeres?
Incursionar en ciberseguridad desde el ámbito legal ha sido como entrar a una fiesta exclusiva sin invitación, donde todos llevan sudaderas con capucha y hablan en código binario, mientras tú llegas con tu marco regulatorio bajo el brazo. No solo es un sector dominado por lo técnico, sino también por hombres. Más de una vez me han preguntado si estaba "en el evento correcto" o si necesitaba ayuda con mi password (spoiler: no la necesitaba, pero qué lindo que preguntes).
De hecho, un colega y amigo ingeniero, con toda la sinceridad del mundo, me preguntó una vez: "¿En qué momento los abogados les quitaron a los ingenieros la ciberseguridad?" Me reí y le contesté: "No se los quitamos, nos complementamos. Ustedes construyen los sistemas, yo me aseguro de que no terminen violando la ley. Porque sin reglas, la ciberseguridad sería como dejar la puerta abierta y sorprenderse cuando entran a robar."
Pero en lugar de solo explicar por qué estamos aquí, decidí implementar tres estrategias clave: hackear el sistema, formar comunidad y transformar narrativas.
Hackear el sistema: Si las reglas del juego favorecen a unos pocos, hay que reescribirlas. Desde impulsar políticas públicas inclusivas hasta evidenciar los sesgos en la IA y la ciberseguridad, he trabajado para abrir grietas en estructuras rígidas que excluyen a muchas voces. Porque la ciberseguridad no es solo código, es la base para proteger derechos, privacidad y equidad en un mundo digital.
Formar comunidad: La tecnología no debería ser un club exclusivo con contraseña secreta (y si lo es, merecemos conocer la clave). La ciberseguridad debe ser accesible y asequible. Por eso, he apoyado redes donde las mujeres nos respaldamos, mentoramos y abrimos puertas mutuamente. Una mujer que avanza sola es valiente, pero cuando avanzamos juntas, somos imparables (y de paso, desconfiguramos el firewall del machismo).
Transformar narrativas: Nos han contado que la innovación es masculina, pero eso es solo un bug en la historia. He trabajado para visibilizar el talento femenino en tecnología, demostrar que las mujeres no solo estamos aquí, sino que estamos liderando el cambio. Y no, no estamos;hackeando el sistema; porque sea divertido (aunque a veces lo es), sino porque queremos que el futuro digital sea más equitativo y seguro para todas y todos.
Mi estrategia ha sido: entrar a la sala de servidores, reescribir el código, invitar a más mujeres y, cuando alguien pregunte si ;sé de ciberseguridad;, responder con una sonrisa: “Sí, y además sé cómo protegernos de las consecuencias legales y las brechas de equidad.”
¿Qué rol han jugado las alianzas estratégicas y las conexiones profesionales en su crecimiento como líder?
Desde que era niña, mi papá me repite la frase “haz amigos”, y confieso que al principio me sonaba a cliché de sobremesa. Con el tiempo, sin embargo, entendí la importancia de sus palabras: he ido topándome con personas increíbles que me impulsan y comparten conocimiento sin reservarse nada, y también con otras que me dejaron un sabor agridulce (o un dolor de cabeza). De todo se aprende y se suma experiencia, lo que me ha llevado a construir puentes y buscar esa chispa de colaboración que puede encender grandes cambios.
He descubierto que las conexiones no son solo tarjetas de presentación o clics, sino verdaderos catalizadores de transformación. Cada alianza es un trampolín para generar un mayor impacto, abrir puertas y unir esfuerzos en la creación de un futuro digital más equitativo. Estoy convencida de que la innovación no prospera en la soledad, sino en la confluencia de ideas, áreas y personas apasionadas.
Algunas de las colaboraciones más valiosas han nacido en momentos insospechados: una conversación casual, un café, que terminó convirtiéndose en un proyecto transformador o un “oye, ¿y si hacemos algo juntas?” que desató una lluvia de ideas. La clave ha sido conectar con propósito, con la intención de forjar algo auténtico y duradero, más allá de la superficialidad.
No voy a negar que en este camino también he topado con decepciones, incluso con mujeres de quienes esperaba más sororidad. Pero siempre elijo la resiliencia: lo positivo me inspira y lo negativo me enseña. Al final del día, sumar es lo que importa. ¿Por qué quedarnos con una idea individual cuando podemos potenciarla juntas y multiplicar resultados? Al final, sumar siempre es la respuesta: sumo a tu labor, a tu vocación, a tu proyecto; porque cuando unimos fuerzas, creamos un efecto multiplicador en el que todos ganamos.
Para mí, “haz amigos” no significa coleccionar gente, sino forjar relaciones que nos ayuden a crecer, que nos reten y nos impulsen a ser mejores. Soy partidaria de la colaboración sobre la competencia. Así que te pregunto: “¿Cómo puedo sumar a tu proyecto, a tu misión, a la vocación que compartimos?” Porque, al final, se trata de crear un efecto multiplicador que beneficie a todas y todos.
¿Qué papel juega la innovación tecnológica en su visión de futuro para su organización?
La tecnología no es solo un conjunto de líneas de código, datos o algoritmos; es la arquitectura del futuro que estamos diseñando día a día. Hago hincapié en el “estamos”, porque todas las personas formamos parte de este mundo digital y físico. Para mí, la innovación va más allá de lo estrictamente técnico: debe ser una fuerza que promueva la equidad, la justicia y el empoderamiento, un acto de resistencia que cuestione el statu quo y, al mismo tiempo, un motor de transformación que impulse nuevas posibilidades.
Imagino un futuro donde:
- La inteligencia artificial no repita o amplifique los sesgos de siempre, sino que los identifique y los corrija, contribuyendo a una sociedad más justa.
- La ciberseguridad no sea exclusiva de infraestructuras y grandes corporaciones, sino una garantía para que todas las personas —en especial las más vulnerables— se sientan seguras en el mundo digital, por ello la importancia de no solo hacerla accesible, sino asequible.
- La neurotecnología respete nuestros derechos más profundos y no sea una herramienta de control, sino un recurso para mejorar la salud, la educación y la calidad de vida de quienes más lo necesitan.
Creo en una tecnología centrada en la persona, con un enfoque de derechos humanos y una visión ética que no se limite a lo legal, sino que ponga en el centro la dignidad y el bienestar de todos. La innovación no debe preguntarse únicamente “¿qué podemos crear?”, sino “¿qué debemos crear para mejorar la vida de todas las personas?”.
Esa es mi meta y mi convicción: unir la fuerza de la tecnología con el compromiso social. Transformar bits y bytes en oportunidades y esperanza. Hacer que cada línea de código, cada sistema de ciberseguridad, cada desarrollo de IA tenga un propósito que contribuya a un futuro más humano, más inclusivo y más consciente de nuestras responsabilidades compartidas.
La innovación tiene que ser un acto de resistencia y un motor de transformación. No basta con preguntarnos¿qué podemos crear?, sino ¿qué deberíamos crear para mejorar la vida de todas las personas?