El bienestar como base del liderazgo femenino

"No vine a decirles cómo ser. Vine a recordarles que pueden ser quienes realmente son. Que no es tarde, que sí pueden, y que todo comienza por ellas."

                                                                                                          Yanira Puy

Con más de dos décadas de experiencia en el mundo corporativo y una notable transición hacia el coaching y el bienestar, Yanira Puy emerge como una voz influyente en el panorama del liderazgo femenino. Su trayectoria, marcada por múltiples reinvenciones y adaptaciones culturales a través de ocho mudanzas internacionales, la ha convertido en una líder que comprende profundamente los desafíos de la transformación personal y profesional.

Como creadora de programas como 'Saludablemente Mujer' y 'GLOW', conferencista internacional y coach certificada, Puy ha desarrollado una metodología única que integra el bienestar personal con el desarrollo profesional. Su enfoque holístico no solo aborda el éxito exterior, sino que enfatiza la importancia del trabajo interno como fundamento para un liderazgo auténtico y sostenible

En esta entrevista con Factor de Éxito, Yanira comparte su visión sobre el liderazgo femenino y revela cómo su propia experiencia de transformación la ha llevado a crear espacios seguros donde las mujeres pueden reconectarse consigo mismas y liderar desde su autenticidad.

Después de 20 años en el mundo corporativo, ¿qué fue lo que le impulsó a dar el giro hacia el coaching y el bienestar?
 
Después de dos décadas trabajando en el mundo corporativo, en puestos de liderazgo en Venezuela, Estados Unidos y Colombia, comencé a cuestionarme si eso era realmente lo que quería hacer por el resto de mi vida. Y la respuesta fue un rotundo NO. A pesar de tener un trabajo maravilloso, lleno de aprendizajes y oportunidades de crecimiento, sentía que estaba en este mundo para algo más: para tener un impacto real en las personas. 
 
Empecé entonces a preguntarme cuál era mi propósito de vida… y la verdad, a mis 40 años, no tenía ni idea de cuál era. Ese cuestionamiento me llevó a certificarme como coach de salud y, más adelante, a obtener un máster en coaching con concentración en nutrición. También hice un taller de propósito de vida, en el cual escribí por primera vez cuál era mi misión en este mundo.
 
Esta transición no fue inmediata. Durante varios años seguí trabajando en el mundo corporativo mientras, en paralelo, estudiaba, me formaba y me transformaba. Lo que comenzó como una búsqueda personal, se convirtió en una misión profesional: acompañar a otras mujeres a sanarse desde adentro hacia afuera, y a construir una vida con bienestar integral que les permita ser saludables, felices y plenas.

Mi propósito sigue siendo el mismo: servir, pero ha evolucionado en la forma en que lo hago. Hoy acompaño a mujeres a través de distintos programas —para emprendedoras, mujeres atravesando transiciones de vida, procesos de divorcio o reinvención personal— y también colaboro con compañías en Estados Unidos ofreciendo charlas y talleres enfocados en el bienestar de sus equipos.
 
La verdad es que ha sido un camino hermoso de reencuentro conmigo misma, con mi propósito y con el poder que tengo de guiar a otras mujeres a tomar las riendas de sus vidas y alcanzar sus sueños.
 
Actualmente, ofrezco una variedad de servicios como conferencias, talleres, coaching personalizado, clases online y podcasts, entre otros. Todo con el objetivo de generar un cambio, dejar huella y crear un impacto con efecto multiplicador en la vida de quienes me escuchan y me acompañan.

¿Cómo define el liderazgo femenino y qué cualidades considera usted fundamentales para ejercerlo de manera efectiva?
 
Para mí, el liderazgo femenino integra la intuición, la empatía, la sensibilidad emocional y esa capacidad natural de nutrir (que tenemos las mujeres) — no solo a otros, sino también nuestras ideas, nuestros equipos y nuestros espacios. Es una forma de liderazgo que nace del ser, no solo del hacer.
 
Durante mucho tiempo, las mujeres fuimos criadas para encajar en estructuras de liderazgo muy masculinas. Se nos enseñó que liderar era sinónimo de control, dureza y distancia emocional. Y muchas intentamos adaptarnos a ese molde para ser “aceptadas” o tomadas en serio. Pero por suerte, eso está cambiando. Hoy sabemos que podemos ser excelentes líderes desde quienes somos, sin dejar de lado nuestras cualidades únicas. Somos diferentes, y en esa diferencia está nuestra fuerza.
 
El liderazgo femenino no significa liderar “como mujer” o “como hombre”, sino liderar desde la autenticidad. Y para mí, eso empieza por el trabajo interior. Como decía Gandhi:
 “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”.

El cambio afuera comienza por dentro. Por eso, creo profundamente que no se puede liderar verdaderamente sin haber hecho primero ese trabajo con una misma. Llevo años trabajando en el bienestar integral —cuerpo, mente, emociones y espíritu— y estoy convencida de que un liderazgo saludable solo es posible cuando hay una armonía interna. Si queremos liderar con éxito, tenemos que empezar por desarrollar nuestra propia conciencia, sanar nuestras heridas, observar nuestros pensamientos y aprender a transformar nuestra energía.

Para ejercer un liderazgo femenino efectivo, hay que trabajar en:

  • Nuestra energía y presencia: cómo entramos a un espacio cambia todo.
  • La calidad de nuestros pensamientos: cultivar una mentalidad positiva y resiliente.
  • La inteligencia emocional: reconocer, gestionar y canalizar nuestras emociones sin reprimirlas ni desbordarlas.
  • La empatía y la escucha activa: no solo oír, sino estar presentes para las personas que lideramos.
  • La comunicación clara y honesta.

Y quizás lo más importante: crear espacios seguros donde las personas puedan expresarse con vulnerabilidad y sentirse parte.
 
Liderar desde el ser significa inspirar desde tu ejemplo, desde tu coherencia y desde tu capacidad de sostener a otros sin dejarte a ti misma atrás. Eso, para mí, es el verdadero poder del liderazgo femenino.


 
Su trayectoria incluye diversos roles como conferencista, coach y creadora de contenido. ¿Cómo integra estas diferentes facetas para maximizar su impacto en la vida de las mujeres?

Todo lo que hago tiene una intención clara: acompañar a las mujeres a reconectar con su bienestar y su poder personal. Y más que eso, quiero que se lleven algo fundamental: esperanza. Porque si yo pude, ellas también pueden. Cuando escuchamos historias parecidas a las nuestras —de mujeres que atravesaron momentos duros y salieron adelante— nos sentimos vistas, comprendidas… y eso nos da fuerza para seguir. A veces, todo lo que necesitamos es saber que no estamos solas.
 
Cada faceta de mi trabajo —ya sea como conferencista, coach, facilitadora, creadora de contenido o podcaster— es una extensión de esa misión.
 
Ser conferencista me permite llevar mi mensaje a grandes audiencias, tocar corazones en vivo e inspirar a través de la emoción y la palabra. Hay algo mágico en conectar desde el escenario: una historia, una frase, una mirada puede cambiarle el día —o incluso la vida— a alguien. Una de las cosas que más disfruto son esos abrazos después de una charla, las lágrimas de aliento, y esas palabras que me confirman que estoy en el camino correcto. Momentos que me recuerdan que lo que hago tiene sentido, y que puedo seguir guiando a otras personas desde mi experiencia.
 
El coaching, por otro lado, me da la posibilidad de ir mucho más profundo. Es un trabajo íntimo, personalizado y profundamente transformador. Acompaño a mujeres en procesos reales: reinvención, divorcio, cambios de carrera o el simple deseo de sentirse y verse más saludables. Trabajo con ellas en todas las dimensiones del bienestar —mental, físico, emocional y espiritual— para ayudarlas a encontrar claridad, dirección y fuerza.
 
Como creadora de contenido y podcaster, extiendo esa conexión de forma continua. Las redes sociales, mis artículos, y el podcast SaludableMente Mujer son canales para mantener viva la conversación sobre bienestar, propósito y liderazgo femenino. Son herramientas que me permiten llegar a muchas más mujeres, de distintos contextos y edades, que quizás no están listas para un proceso de coaching o no pueden asistir a una charla o invertir en un taller, pero que sí pueden recibir un mensaje desde su teléfono, en un momento de soledad o de búsqueda. Una y otra vez recibo mensajes de mujeres que escuchan el podcast, y me cuentan cómo les ha dado herramientas, información y esperanza. Hoy nos escuchan en más de 20 países y llevamos más de 115 episodios al aire. ¡Eso me llena de orgullo!
 
Lo que une todo esto es mi voz, mi intención y mi compromiso con el impacto.

No me interesa hacer “de todo por hacer”. Lo que me mueve es saber que cada espacio donde me presento es una oportunidad para sembrar conciencia y despertar posibilidades en otras mujeres, tal como otros espacios lo hicieron alguna vez conmigo.
 
Cada plataforma me permite alcanzar a mujeres en diferentes momentos de su camino. Algunas llegan buscando motivación, otras herramientas, otras simplemente posibilidades. Yo me adapto a cada una, pero siempre desde mi verdad: hablando con un lenguaje cercano, compartiendo historias reales, y ofreciendo un enfoque profundamente humano. 
 
Creo firmemente que cuando somos auténticas, conectamos desde el corazón.
 Y esa conexión es lo que genera transformación real. He aprendido a integrar estos roles con fluidez, sin tener que elegir uno solo. Porque todos forman parte de quién soy y de cómo elijo servir. Esa es la belleza de haberme reinventado: hoy diseño mi carrera a mi medida y al servicio de los demás.
 
¿Cuáles son los obstáculos más comunes que enfrentan las mujeres en su búsqueda de una vida con propósito y cómo las ayuda usted a superarlos?

Los obstáculos que más veo en las mujeres con las que trabajo —y que también he vivido en carne propia— son la culpa, el miedo, la autoexigencia y la falta de amor propio.

Muchas han crecido con la idea de que deben sacrificarse por los demás, que pedir algo para sí mismas es egoísta, que mostrarse vulnerables es una debilidad, y que si no lo hacen todo perfecto, no son suficientes.
 
A mí también me pasó. Por años me puse de última en mi lista. Me costaba pedirme espacio, escuchar mis necesidades, amarme sin condiciones. Aun hoy sigo trabajando en eso, porque el amor propio no es una meta, es una práctica constante. Pero fue en ese camino de reconexión donde encontré mi propósito. Y desde ahí acompaño a otras.
 
Mi trabajo consiste en ayudarlas a cuestionar y soltar esas creencias limitantes, y reemplazarlas por creencias potenciadoras, que las conecten con su valor, su poder y sus posibilidades. Les enseño a reprogramar la mente, a observar cómo se hablan, y a tomar acción una y otra vez, aunque haya miedo, aunque no se sientan “listas”. Les recuerdo que no tienen que pedir permiso para vivir una vida con propósito. Que pueden cuidarse sin dejar de cuidar. Que poner límites no es rechazar a otros, sino honrarse a una misma.
 
Las acompaño a:

  • Reconocer sus dones y talentos.
  • Reconectar con su cuerpo, emociones y sabiduría interna.
  • Poner límites sanos sin culpa.
  • Definir lo que realmente desean… y crear un plan para acercarse a eso paso a paso.

Todo esto, siempre desde el bienestar, no desde la presión. Desde la compasión, no desde la exigencia. Desde la confianza, no desde el miedo. Porque creo con todo mi corazón que cuando una mujer se elige a sí misma, todo en su vida empieza a cambiar: su energía, sus relaciones, su voz, sus decisiones… y desde ahí, empieza a liderar su vida con propósito, claridad y amor propio.
 
Menciona su deseo juvenil de estar en el escenario. ¿Cómo ha influido esa pasión por la expresión artística en su actual rol como líder y conferencista?

Desde niña soñaba con estar en un escenario. Quería ser cantante, actriz o bailarina... lo que fuera que me permitiera expresarme, conectar con otros y compartir mi energía. Siempre tuve esa chispa creativa y esa necesidad profunda de comunicar desde el alma. Pero fui criada bajo la mentalidad de “la vieja escuela”, donde lo correcto era estudiar en una buena universidad, tener un título y conseguir un trabajo estable en una empresa. Y eso fue lo que hice. Me fue bien, crecí profesionalmente, pero esa llama interna nunca se apagó, estaba guardada, esperando el momento perfecto para volver a encenderse. Hoy entiendo que ese sueño de niña no era un capricho. Era una señal. Era una parte esencial de mi propósito.
 
El escenario me conecta con mi esencia. Me recuerda quién soy cuando no estoy cumpliendo roles, sino simplemente siendo. Cuando me subo a hablar, no se trata solo de “dar una charla”, se trata de abrir un espacio seguro donde otras mujeres puedan verse reflejadas, reconocerse en mis palabras, y sentirse menos solas en su proceso.
 
Mi voz se ha convertido en mi herramienta más poderosa. Y no solo la voz física, sino la voz interior, la que me permite compartir desde la autenticidad y la vulnerabilidad. Cuando hablo desde mi historia, desde lo que me ha dolido, desde lo que me ha transformado, logro conectar desde lo humano… y ahí es donde ocurre la verdadera transformación.
 
Mi pasión artística vive en cada presentación que doy. Está en cómo cuento una historia, en cómo muevo mi cuerpo, en cómo sostengo el silencio, en cómo miro al público a los ojos.
 No hay guión perfecto que supere la verdad de lo que se siente cuando hablamos desde el corazón.
 
Y lo más hermoso de todo es que hoy puedo usar esa voz —que de niña solo soñaba con ser escuchada— para inspirar, empoderar y transformar a otras mujeres.
 
Eso, para mí, es cumplir mi misión.


¿Cuál ha sido el cambio más significativo que ha observado en las mujeres que participan en sus programas de bienestar?

Lo más poderoso que veo es cuando una mujer se elige a sí misma, se pone como prioridad y empieza a tomar decisiones alineadas con lo que realmente desea. Esa decisión, que desde afuera puede parecer simple, tiene el poder de cambiar por completo su vida.
 
Yo sé de primera mano lo importante que es el acompañamiento en esos procesos. También estuve ahí. En un momento de gran transición en mi vida, contar con el apoyo de mi coach personal fue un antes y un después. Me ayudó a ver con claridad, a tomar decisiones, a recordar quién era.
 
Por eso hoy, desde mi lugar, acompaño a mujeres que llegan agotadas, desconectadas, sin energía ni rumbo claro… y verlas, meses después, llenas de vida, emprendiendo, liderando, cuidándose, tomando decisiones con seguridad y reencontrándose consigo mismas, es algo profundamente gratificante.
 
El bienestar no es solo hacer ejercicio o comer bien. Es mucho más que eso.

  • Es reconectar con quién eres, qué necesitas, qué mereces.
  • Es aprender a estar en el aquí y el ahora.
  • Es observar tus pensamientos, identificar tus patrones y saber que sí puedes cambiarlos.
  • Es hacerte las preguntas correctas.
  • Es aprender a gestionar tus emociones con conciencia y compasión.

Cuando una mujer se siente bien consigo misma, todo a su alrededor mejora: sus relaciones, su carrera, su salud, su energía, y también el impacto que tiene en su entorno.

Porque cuando una mujer se transforma, transforma a quienes la rodean. Y para mí, esa es la verdadera transformación: la que nace desde adentro y se multiplica hacia afuera.
 
En su experiencia, ¿cómo se relacionan el bienestar personal y el éxito profesional, especialmente en el contexto del liderazgo femenino?
 
Para mí, el éxito comienza por una misma.

 Ese no es solo el título de una de mis conferencias para emprendedoras —“Tu éxito comienza por ti”—, es una verdad que vivo y transmito todos los días. No podemos liderar, emprender o crecer profesionalmente si no estamos bien internamente. El éxito sostenible, real y con propósito nace cuando nos sentimos en equilibrio con nosotras mismas.
 
En mis programas y charlas hablo de que para alcanzar cualquier meta profesional —ya sea emprender un negocio, liderar un equipo o reinventarse— es necesario trabajar primero en el bienestar integral: mente, cuerpo, emociones, energía, y relaciones. Por eso comparto estrategias prácticas que incluyen desde la gestión emocional y el desarrollo de resiliencia, hasta el cuidado del cuerpo, el poder de la gratitud, el vivir en el presente y la importancia de crear redes de apoyo y conexión.
 
Cuando una mujer trabaja en su bienestar, toma mejores decisiones. Tiene más claridad mental, más confianza en sí misma, más empatía hacia los demás, y, sobre todo, más energía y motivación para sostener sus sueños.
 
He visto de cerca cómo mujeres que se sentían estancadas o frustradas, al comenzar a trabajar en su interior —en sus pensamientos, emociones y hábitos— comienzan a ver cambios reales en su carrera o en su negocio. Porque el bienestar no es algo “extra” o “complementario”. Es la base. Es el cimiento desde donde se construye un liderazgo auténtico y una vida con propósito.
 
Y cuando hablamos de liderazgo femenino, ese trabajo interno es aún más importante.
 Como dije antes, liderar desde lo femenino implica escuchar nuestra intuición, conectar con nuestras emociones, practicar la empatía y abrir espacios seguros para quienes nos rodean. Pero no podemos sostener todo eso si estamos agotadas, si nos abandonamos a nosotras mismas o si estamos repitiendo patrones de autoexigencia y culpa.
 
El bienestar personal no solo potencia el éxito profesional… lo transforma. Una mujer que se cuida, que se escucha, que se honra, lidera desde un lugar auténtico. Y cuando eso ocurre, el impacto que genera en su entorno es inmenso.
 
¿Qué papel juega la diversidad e inclusión en sus programas y cómo usted contribuye a crear espacios más equitativos?

La diversidad y la inclusión no son conceptos abstractos para mí. Son valores que practico todos los días en mis programas, conferencias, talleres y en cada espacio que facilito. Vengo de una cultura latina, he vivido en diferentes países y he tenido el privilegio de trabajar con mujeres de distintas edades, trasfondos, profesiones, y realidades (inclusive diferentes idiomas). Y una de las cosas más importantes que he aprendido es que no hay una sola forma de vivir el bienestar ni de liderar la vida con propósito.

Por eso, en todos mis programas —ya sea Saludablemente Mujer, GLOW, mis conferencias, el podcast o los talleres en empresas— me esfuerzo por crear espacios seguros, inclusivos y respetuosos, donde cada mujer se sienta vista, escuchada y valorada exactamente como es.
 
Creo profundamente que la inclusión comienza con la escucha. Por eso practico la empatía, la apertura y la curiosidad. Me interesa conocer la historia detrás de cada mujer, entender su contexto, su ritmo, sus desafíos… y acompañarla desde ahí, sin juicio y con respeto.
 
Trabajo constantemente en usar un lenguaje inclusivo y cercano, en adaptar herramientas según las necesidades de cada grupo, y en hacer que el bienestar y el liderazgo sean accesibles para todas, no solo para quienes tienen ciertos privilegios o estilos de vida.
Además, como facilitadora de talleres en empresas en Estados Unidos, también llevo este mensaje al mundo corporativo, recordando que el bienestar es diverso y que no hay una única forma correcta de vivirlo. Hombres y mujeres, equipos multiculturales, personas de distintas generaciones… todos necesitan sentirse incluidos y representados.
 
Mi compromiso es seguir construyendo puentes, no barreras. Y para mí, eso es crear equidad: dar a cada persona las herramientas, el espacio y el apoyo que necesita para crecer, sanar y liderar desde su autenticidad.
 
¿Cuál considera que es su mayor contribución al empoderamiento femenino y qué legado espera dejar?
 
Creo que mi mayor contribución al empoderamiento femenino es mostrar con mi propia vida que sí se puede empezar de nuevo, una y otra vez.
 
Después de muchas de mis charlas, las mujeres se me acercan para decirme: “Me diste esperanza”. Y para mí, ese es uno de los regalos más grandes que puedo dejar. Porque cuando una mujer recupera la esperanza, también recupera su poder.
 
A lo largo de mi camino me he reinventado muchas veces. Me he mudado más de ocho veces entre países y ciudades, empezando de cero (bueno desde la experiencia) una y otra vez, conociendo nuevas culturas, personas y realidades. Pasé de trabajar más de 20 años en el mundo corporativo a tener mi propia empresa de bienestar y liderazgo. Cambié de carrera: de mercadeo y negocios a impactar vidas a través de la salud, la conexión interior y el crecimiento personal. Viví un divorcio después de siete años de matrimonio, y comencé una nueva vida con la decisión firme de priorizarme, sanarme y volver a creer en mí.

Por eso, cuando acompaño a otras mujeres, no lo hago desde la teoría. Lo hago desde la experiencia. Sé lo que es tener miedo. Sé lo que es sentirse perdida. Sé lo que es reconstruirse. Y también sé lo que hay del otro lado: claridad, fuerza, libertad.

Hoy, mi misión es crear espacios donde las mujeres puedan reconectarse consigo mismas, donde se sientan vistas, escuchadas, sostenidas y sin juicio. Espacios donde no se les exija perfección, sino autenticidad. Donde puedan volver a confiar en su voz, en su cuerpo, en sus decisiones.
 
El legado que quiero dejar no se trata de mí, sino del efecto multiplicador que nace cuando una mujer se sana y empieza a liderar su vida. Si una mujer, después de escucharme, de trabajar conmigo o de encontrarse con mi contenido, da un paso hacia su bienestar, se atreve a soñar de nuevo, o simplemente se abraza con más amor, entonces estoy cumpliendo mi propósito.
 
No vine a decirles cómo ser. Vine a recordarles que pueden ser quienes realmente son. Que no es tarde, que sí pueden, y que todo comienza por ellas.
 
¿Qué consejo le darías a las mujeres que están considerando hacer un cambio radical en su carrera profesional, como el que usted hizo?
 
 Mi consejo más honesto es este: elige por ti. Priorízate sin culpa. Escucha esa voz interna que te está diciendo que hay algo más para ti… porque esa voz tiene razón.
Hacer un cambio radical en tu vida o en tu carrera da miedo, claro que sí. Pero quedarte en un lugar que ya no te nutre, también duele.

 En un momento de mi vida escuché una frase que nunca se me olvidó:
 “Tu zona de confort es el lugar donde tus sueños van a morir.”

 Y es verdad. Ahí es donde se apaga la pasión, la motivación y la conexión contigo misma.
Por eso siempre les digo a las mujeres que acompañen ese deseo de cambio con bienestar. Que no se empujen desde la presión, sino desde el cuidado. Que se preparen desde adentro para sostener lo que quieren construir afuera.

 Y sobre todo, que se den permiso de invertir en su desarrollo personal y profesional. El crecimiento no es un destino, es un proceso continuo. Siempre hay algo que podemos aprender, mejorar, descubrir. Invertir en ti misma es una de las decisiones más poderosas que puedes tomar.

Cuida tu cuerpo, tu mente, tus emociones y tus relaciones. Rétate, sí, pero también abrázate en el proceso. Rodéate de personas que te eleven. Llénate de experiencias, pensamientos y prácticas que te expandan, no que te limiten.

No se trata de cambiar por cambiar, sino de hacerlo desde un lugar más consciente, más alineado con lo que realmente eres y necesitas hoy.
Reinventarse no es empezar desde cero. Es empezar desde tu experiencia, desde tu aprendizaje, desde tu evolución.
 Y aunque no tengas todo resuelto, si das un primer paso desde tu verdad, el camino se va abriendo.
 
Yo lo hice, y no ha sido fácil, pero ha valido cada paso.

 Y si yo pude, tú también puedes.
 
La historia de Yanira Puy ejemplifica perfectamente el nuevo paradigma de liderazgo femenino que está emergiendo en el mundo empresarial: uno que integra la fortaleza profesional con el bienestar personal, la autenticidad con la efectividad, y la diversidad con la inclusión. Su mensaje resuena con fuerza en un momento en que las organizaciones buscan líderes capaces de crear culturas más humanas y sostenibles.

A través de su trabajo, Puy no solo está transformando vidas individuales, sino que está contribuyendo a un cambio más amplio en la manera en que entendemos y practicamos el liderazgo en el siglo XXI. Su legado nos recuerda que el verdadero empoderamiento comienza desde adentro, y que cuando las mujeres se atreven a liderar desde su autenticidad, el impacto trasciende más allá de lo personal para transformar organizaciones enteras.