De la planificación a la acción: el nuevo rumbo energético y minero

"Visualizamos una República Dominicana con una matriz energética más limpia, resiliente y descentralizada, así como con una minería transformadora, inclusiva y sostenible."

                                                                                        Joel Santos Echavarría

En un escenario global definido por la urgencia climática, la seguridad energética y la creciente demanda de minerales estratégicos, República Dominicana está dando pasos firmes hacia una transformación energética y minera de gran alcance, con impactos tangibles en su modelo de desarrollo económico, social y ambiental.

Desde el Ministerio de Energía y Minas, bajo el liderazgo del ministro Joel Santos Echavarría, el país ha trazado una hoja de ruta clara y operativa. Esta estrategia apunta a diversificar la matriz energética mediante fuentes más limpias, promover una minería moderna, responsable y con valor agregado local, y fortalecer la institucionalidad que respalda la inversión, la innovación tecnológica y la equidad.

En esta entrevista exclusiva con Factor de Éxito, se presenta una visión integral del presente y el futuro del sector energético y minero dominicano. Con enfoque estratégico y datos concretos, el ministro detalla los proyectos en marcha más disruptivos, las oportunidades en tierras raras, los avances en eficiencia energética y las sinergias que están posicionando al país como un referente regional en sostenibilidad.

Más allá de los indicadores, esta conversación traza una visión de país: una República Dominicana que pasa de la planificación a la acción, que adopta la transición energética como política de Estado, impulsa una minería competitiva y sustentable, y convierte sus recursos naturales en pilares para un desarrollo resiliente, inclusivo y con visión de futuro.

¿Cuáles son los proyectos más innovadores en energías renovables que se están desarrollando actualmente y qué resultados pueden compartir?

República Dominicana vive una profunda transformación energética. Hoy día, más de 20 proyectos de energías renovables están en ejecución, y juntos aportarán aproximadamente 1,006 megavatios (MW) adicionales a la matriz nacional. Estas iniciativas abarcan tecnologías fotovoltaicas y eólicas de última generación y se desarrollan en regiones estratégicas como Monte Plata, Azua, Peravia y Montecristi.

En los últimos tres años, hemos integrado más de 900 MW de energía renovable al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI). En 2024, la capacidad instalada renovable era de aproximadamente 750 MW y, actualmente, supera los 1,650 MW. Este avance ha significado una reducción concreta en las emisiones de gases de efecto invernadero, una mayor diversificación de las fuentes de generación y ha fortalecido nuestra resiliencia ante choques internacionales del mercado de combustibles fósiles. Asimismo, refleja nuestro compromiso con la transición energética justa y sostenible, alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Estrategia Nacional de Desarrollo.

Estos logros son resultado de una visión de largo plazo y del fomento activo a la inversión privada mediante licitaciones públicas, marcos regulatorios claros y una gobernanza transparente.

¿Qué avances se han logrado en eficiencia energética y cuál ha sido su impacto económico?

La eficiencia energética es un eje estratégico para la sostenibilidad del país. En este sentido, la República Dominicana ha adoptado una serie de políticas e iniciativas para optimizar el uso de la energía en todos los sectores. Hemos incrementado significativamente la participación de fuentes renovables en la matriz nacional, que en 2024 alcanzó un 23.32% del total de capacidad instalada, equivalente a 1,396 MW.

Se están modernizando las leyes energéticas para incorporar sistemas de telegestión, promover el uso de paneles solares en edificaciones públicas y privadas, y fomentar el desarrollo de micro redes. También se trabaja en la formulación de una Ley de Eficiencia Energética, orientada a generar una cultura de ahorro energético tanto en el sector público como en el privado.

Adicionalmente, se han lanzado programas como el de Iluminación con LED, y se promulgó el Decreto Presidencial 158-23, que establece el compromiso obligatorio de las entidades públicas con metas de ahorro energético de al menos un 2 % anual. Esto convierte al Estado dominicano en un modelo activo de eficiencia energética, con un impacto directo en la reducción del gasto público y la disminución de la huella de carbono.

¿Qué estrategias garantizan una transición energética sostenible y cómo involucran al sector privado?

Nuestro enfoque para una transición energética sostenible está basado en cuatro pilares fundamentales: planificación estratégica, regulación eficiente, apertura a la inversión privada y enfoque ambiental. Esto se articula a través de documentos clave como la Hoja de Ruta de Transición Energética y el Plan de Expansión del SENI, ambos con alta participación del sector privado.

Entre las estrategias que destacan se encuentran la promoción de energías renovables respaldadas por gas natural como fuente de transición, la incorporación de sistemas de almacenamiento (BESS) en los proyectos, la expansión de la red de transmisión, y la implementación del Decreto 608-21, que ha destrabado procesos críticos para nuevos desarrollos.

Asimismo, promovemos criterios de ordenamiento territorial y sostenibilidad ambiental en cada fase del proyecto, lo que ha fortalecido la confianza de los inversionistas y generado un entorno propicio para acuerdos PPA competitivos. Esto garantiza que el crecimiento energético sea responsable y beneficioso para las comunidades.

¿Cuál es el potencial del país en tierras raras y qué acciones se están tomando?

Las tierras raras representan una oportunidad geopolítica y económica sin precedentes para la República Dominicana. Estos minerales, esenciales para la fabricación de turbinas eólicas, autos eléctricos, celulares y equipos médicos, están presentes en nuestro territorio, particularmente en zonas de la región sur y noroeste del país.

Estamos desarrollando estudios detallados junto al Servicio Geológico Nacional, con miras a declarar oficialmente los recursos y reservas de tierras raras en 2026. Estos trabajos permitirán determinar con precisión el potencial y alcance de los yacimientos identificados, particularmente en la provincia Pedernales y establecer un marco regulatorio moderno que garantice una explotación responsable, ambientalmente sostenible y que genere alto valor agregado nacional.

Nuestro objetivo no es solo extraer, sino, transformar localmente, atraer inversión tecnológica, generar empleos de calidad y posicionar a la República Dominicana como un actor relevante en la cadena de suministro global de minerales críticos, esenciales para la transición energética y la industria del futuro.

Este enfoque permitirá que no solo se extraigan los minerales, sino que también se industrialicen en el país, generando empleos calificados y nuevas cadenas de valor.

¿Qué sinergias existen entre minería sostenible y transformación energética?

Estamos construyendo un modelo de minería resiliente e integrado a la agenda de sostenibilidad. Promovemos que las operaciones mineras utilicen fuentes renovables, como energía solar y sistemas híbridos, para reducir su huella ambiental.

De igual forma, se exige que cada proyecto cuente con un plan de cierre desde el inicio, que contemple no solo la remediación ambiental, sino también el impacto social y económico en las comunidades.

Estas sinergias han creado un nuevo paradigma donde la minería no es solo fuente de recursos, sino también de innovación, empleo formal y desarrollo sostenible.

¿Qué papel juegan las tierras raras en las tecnologías verdes y cómo se posiciona el país?

Las tierras raras son el motor invisible de la transición energética global. Desde imanes permanentes hasta baterías de autos eléctricos, estos minerales son insustituibles en el desarrollo de tecnologías limpias. Nuestro país se está posicionando para convertirse en un proveedor estratégico de tierras raras, con trazabilidad, cumplimiento de estándares internacionales y responsabilidad socioambiental.

El respaldo de países como Estados Unidos a nuestros proyectos de exploración demuestra que República Dominicana está siendo considerada como un socio confiable en este mercado estratégico. Esperamos declarar las primeras reservas formales hacia 2026, lo que acelerará la integración del país a las cadenas globales de suministro tecnológico.

¿Cuáles son las cifras actuales de inversión en minería sostenible y qué proyectos destacan?

Entre 2021 y 2024, la inversión acumulada en minería, metálica y no metálica, ha superado los US$1,600 millones. El proyecto de expansión de Pueblo Viejo, uno de los más significativos en la región, se complementa con nuevas iniciativas de exploración en el Cibao y el sur del país.

Estamos promoviendo el procesamiento local de minerales industriales, como el yeso y el feldespato, para uso en construcción y exportación, lo que permite añadir valor dentro de nuestras fronteras.

Esta política de fomento a la transformación productiva está generando empleos bien remunerados, dinamizando la economía y fortaleciendo la seguridad energética y minera.

¿Cómo se mide el impacto económico de esta transformación y cuáles son las proyecciones?

El impacto se refleja en cifras concretas: más de US$3,500 millones en inversión extranjera directa en energía y minas desde 2021, exportaciones mineras que superan los US$1,700 millones anuales, y recaudaciones fiscales por encima de RD$18,000 millones en 2024. Además, el salario promedio en el sector minero es de RD$70,000 mensuales, el doble del promedio nacional.

Las proyecciones para los próximos cinco años apuntan a duplicar la capacidad renovable instalada, alcanzar el 30% de participación renovable en la matriz eléctrica y consolidar un modelo de minería responsable que sea referente en América Latina.

El sector minero es un motor clave de nuestra economía. Representa el 2 % del Producto Interno Bruto (PIB) total y ha contribuido con el 7 % del valor agregado generado en los últimos cinco años. Solo en 2024, las exportaciones de productos minerales alcanzaron los US$1,712.7 millones, consolidando a la minería como uno de los principales generadores de divisas del país.
Ese mismo año, las recaudaciones fiscales provenientes del sector ascendieron a RD$18,000 millones, recursos fundamentales para el desarrollo nacional.

Además, la minería sigue siendo una fuente importante de atracción de Inversión Extranjera Directa (IED), impulsando tecnología, empleo formal y encadenamientos productivos en las zonas donde opera.

Nuestro compromiso es claro: no solo aspiramos a extraer, sino, a transformar localmente, impulsar la transferencia de tecnología, fortalecer capacidades nacionales y posicionar a la República Dominicana como un referente regional en la cadena de valor de los minerales críticos, esenciales para la transición energética y la economía del siglo XXI.

¿Qué iniciativas innovadoras perfilan el futuro energético y minero?

Nuestra visión de futuro incluye la masificación de la movilidad eléctrica, el desarrollo de proyectos de almacenamiento energético a gran escala (BESS), la producción de hidrógeno verde y la integración vertical de las cadenas de valor de minerales estratégicos y energía nuclear, como fuente de energía limpia para el futuro.

Estamos invirtiendo también en formación técnica, digitalización de procesos y fortalecimiento institucional para asegurar que la transformación energética y minera beneficie a toda la sociedad, con justicia social y sostenibilidad ambiental.

¿Cuál es el papel de la colaboración público-privada y qué casos de éxito destaca?

La alianza público-privada ha sido clave para el éxito de nuestros planes. El 95% de los proyectos renovables activos han sido ejecutados mediante inversión privada, a través de licitaciones abiertas y contratos PPA.

Uno de los casos emblemáticos es el parque solar Cotoperí, desarrollado con un consorcio internacional bajo estándares ambientales de clase mundial.

En minería, la experiencia con Barrick Pueblo Viejo y los procesos de mediación comunitaria reflejan un nuevo modelo de gobernanza compartida que prioriza la sostenibilidad, la transparencia y el impacto positivo en las comunidades.

Uno de los elementos fundamentales que ha impulsado la transformación del sistema energético dominicano es el creciente compromiso del sector financiero privado. Tanto en proyectos de generación térmica como en renovables, hemos visto una participación decidida de instituciones financieras nacionales, lo cual refleja la confianza en la solidez del marco regulatorio y en el potencial del sector energético como motor de desarrollo sostenible.

No se trata únicamente de los bancos comerciales: los fondos de pensiones han jugado un papel protagónico, canalizando inversiones de largo plazo hacia proyectos estratégicos que contribuyen a la seguridad energética del país, al mismo tiempo que generan retornos sostenibles para los trabajadores dominicanos. Este modelo virtuoso de colaboración entre lo público y lo privado ha sido clave para ampliar la matriz de generación, promover la descarbonización progresiva del SENI y dinamizar la economía a través de la inversión productiva.

El futuro de nuestro sistema eléctrico no solo dependerá de las tecnologías que adoptemos, sino también del compromiso multisectorial con un modelo energético más limpio, resiliente y financieramente sostenible. Desde el Ministerio de Energía y Minas, seguiremos fortaleciendo las condiciones para que esta alianza continúe expandiéndose y consolidando los avances logrados en los últimos años.

¿Cómo visualiza el futuro energético y minero del país y qué legado aspira dejar?

Visualizamos una República Dominicana con una matriz energética más limpia, resiliente y descentralizada, así como con una minería transformadora, inclusiva y sostenible.

Aspiramos a dejar un legado de planificación responsable, fortalecimiento institucional y modernización del marco regulatorio.

Queremos que nuestra gestión marque un antes y un después en la historia energética y minera del país: una transformación real, con impacto duradero, que posicione a la República Dominicana como líder regional en desarrollo sostenible.

Nos encontramos en un momento clave para consolidar un sector minero más fuerte, más diversificado y con mayor presencia en la economía nacional. No solo estamos potenciando los minerales que históricamente han sido parte de nuestra oferta exportable, sino que estamos abriendo paso a una nueva frontera con el desarrollo de las tierras raras. Esta expansión representa una oportunidad concreta para incrementar la participación del sector en el Producto Interno Bruto, elevar nuestras exportaciones, atraer inversión extranjera directa y, en consecuencia, fortalecer la estabilidad macroeconómica del país.

De igual manera, trabajamos con una visión de largo plazo, cónsono con lo establecido en los lineamientos de Meta 2036, para garantizar que la República Dominicana cuente con la capacidad energética necesaria para sostener su crecimiento. Buscamos más que duplicar la capacidad instalada actual, diversificando aún más la matriz, integrando tecnologías limpias y asegurando el suministro confiable para sectores estratégicos como la industria, la minería, el turismo y la economía digital. Nuestra aspiración es dejar al país preparado para competir y prosperar en el entorno tecnológico y energético del futuro.

Y para que todo esto sea posible, debemos contar con una base legal moderna, robusta y alineada con las mejores prácticas internacionales. Por eso estamos revisando de manera integral el marco normativo que rige la energía, los hidrocarburos y la minería, incluyendo la Ley General de Electricidad 125-01 y la legislación minera, con el objetivo de dotar al país de una estructura jurídica que responda a los desafíos y oportunidades de los próximos 25 años. Este esfuerzo busca garantizar seguridad jurídica, transparencia, sostenibilidad ambiental y un mayor aporte del sector energético-minero al desarrollo nacional.