Impulsar innovación que transforme realidades
“No se pueden tener dos caras. La empresa no puede tener una reputación intachable si sus líderes son cuestionables.”
Ignacio Méndez
Durante más de cuatro décadas, Ignacio Méndez ha sido una de las voces más influyentes en el fortalecimiento del tejido empresarial dominicano. Licenciado en Administración de Empresas (UNPHU) y con un posgrado en Gerencia de Producción (INTEC), ha ocupado roles estratégicos como presidente de asociaciones empresariales, miembro del Consejo Nacional de Competitividad (2004–2012) y Viceministro de Fomento a las MIPYMES (2012–2020). Su liderazgo acompañó hitos como la creación de los Centros MIPYMES, la expansión de servicios de apoyo emprendedor y la instalación de una cultura de articulación público–privada. Hoy, al frente de CELIEM República Dominicana y desde consejos corporativos y educativos, impulsa un ecosistema donde pequeñas empresas, innovación aplicada y cooperación internacional convergen.
En una edición dedicada a quienes están cambiando las reglas desde la disrupción tecnológica, su visión conecta territorio, digitalización y reputación, adelantando una conversación que revela los retos culturales, institucionales y económicos que deben superarse para que las startups dominicanas escalen con impacto local y proyección global.
¿Desde su experiencia liderando CELIEM y acompañando a MIPYMES en múltiples países de la región, qué elementos considera indispensables para que una startup dominicana realmente “cambie las reglas” y logre escalar con una propuesta basada en innovación y tecnología?
Sin lugar a duda, debe ser una propuesta que, aparte del aporte en innovación y tecnología, necesariamente llene una necesidad insatisfecha en una gran parte del mercado meta. Además de lo anterior, en el proceso de gestación y prueba de la propuesta, necesita que sus protagonistas logren vender muy bien la idea y sepan tocar las puertas necesarias para conseguir el financiamiento imprescindible para el desarrollo de sus diferentes etapas.
La innovación solo escala si resuelve necesidades reales del mercado y encuentra financiamiento temprano.
Usted ha impulsado iniciativas de desarrollo territorial, conocimiento aplicado e innovación abierta, como el Foro PYMES y programas de transferencia como Habilitas. ¿Cómo pueden estos modelos convertirse en catalizadores para un ecosistema de startups más robusto en República Dominicana?
Siempre he estado convencido de que tenemos varias grandes carencias; una de ellas es la falta de conocimiento de las opciones y oportunidades que nos brinda el ecosistema y la otra es tener un ambiente proemprendimiento y proinnovación (y pro-MIPYMES) que les facilite la vida, que los deje trabajar tranquilos y que vaya corrigiendo distorsiones en el camino. Somos una sociedad en desarrollo, y muchos de sus emprendimientos y soluciones a problemas pueden y deben salir de la misma gente que los está viviendo.
En un contexto donde la inteligencia artificial, el blockchain y las tecnologías emergentes están acelerando la transformación del tejido empresarial, ¿cómo evalúa la capacidad actual de las MIPYMES dominicanas para adoptar estas herramientas y convertirlas en ventaja competitiva?
Como en casi todas las áreas, todas estas nuevas tecnologías emergentes tienen una capacidad impresionante de mejorar la forma en que se desarrollan las actividades empresariales MIPYMES. A los dubitativos siempre les comento el caso del colmado de la libretica banileja antes y después de convertirse en un subagente bancario. Es el mismo banilejo, ahora sin libretica y con una computadora. ¿Por qué dudar de la capacidad de nuestra gente? ¿Por ser chiquita?... ¡Jamás! Lo que hay que hacer es trabajar muy duro para compartir información adecuada y dar capacitación y entrenamiento gratuito al sector… una de las razones que nos llevó a conformar los Centros MIPYMES.
Las MIPYMES pueden adoptar tecnología con éxito cuando reciben información, acompañamiento y capacitación gratuita.
En sus recientes publicaciones ha resaltado el valor de la cooperación internacional y la articulación entre academia, gobierno y empresas. ¿Qué tipo de alianzas estratégicas hacen falta para que el país dé un salto cualitativo en innovación y emprendimiento?
Que nuestros gobiernos, todos, crean en la necesidad de promover, proteger y crear las condiciones necesarias para que las ideas nuevas florezcan y puedan crecer sin problemas. Tenemos demasiadas trabas producto de muchos años de falta de atención y de crear un marco legal y económico que solo piensa en la mediana y gran empresa, dejando a los chiquitos solos enfrentando condiciones no necesariamente creadas a propósito, pero que ciertamente castran su crecimiento y muchas veces su vida. El sector necesita tener en los gobiernos un “chapulín colorado” que los acompañe quitando trabas y barreras que les hacen la vida muy difícil.
Usted introdujo MERCO en República Dominicana para elevar los estándares de reputación y responsabilidad corporativa. ¿Qué lecciones deja este proceso para los emprendedores tecnológicos que desean construir marcas confiables desde el día uno?
La reputación corporativa es un tema de importancia capital. Lo ha sido siempre y lo es muchísimo más ahora. No se pueden tener dos caras. La empresa no puede tener una reputación intachable si sus líderes son cuestionables. Siempre he sido de la opinión de que el empresario jamás puede vivir de espaldas a la sociedad donde se desenvuelve… hay que participar de ella. Y cada vez menos se puede mentir… ahora estamos a ley de una foto en las redes para destruir una inversión cuantiosa levantando una reputación, no solamente tuya, sino también de tu empresa.
La reputación corporativa es un activo irremplazable: coherencia ética y participación social son determinantes.
Su incorporación al Consejo de Directores del Instituto Pedro Poveda refuerza su vínculo con la formación de líderes. ¿Qué competencias considera críticas para que los nuevos emprendedores dominen en una economía digital que exige visión sistémica, ética y adaptabilidad constante?
Hay que estar abiertos al aprendizaje y vivir aprendiendo siempre. Hay que interesarse por todo, por lo que te incumbe directamente y por lo que está sucediendo a tu alrededor. Hay que perder el miedo a ser curioso, a equivocarse buscando formas nuevas. Tenemos que arrimar el hombro con otros colegas… no todo es competencia en el mercado. Y, sobre todo, saberse parte de una sociedad y no vivir cada vez más aislado y egoísta.
En países con fuerte presencia de MIPYMES, la innovación suele verse como algo “lejano” o “costoso”. Desde su perspectiva, ¿cómo se desmonta esta percepción y se impulsa una cultura de innovación accesible, práctica y alineada a las necesidades reales de los territorios?
Si uno sabe lo que significa ser MIPYMES, sabe que estos empresarios no tienen tiempo ni para respirar porque están buscándose los ingresos que necesitan para vivir. Por esta razón, el abordaje no puede ser el clásico de dar lecciones; tiene que presentarse la innovación como algo que puede mejorarles el negocio, mejorándoles los ingresos. Tiene que hablárseles del bolsillo. Si uno es lo suficientemente convincente, habrá varios que serán los primeros y, luego, al compartir sus historias, vendrán muchos más. Y otro tema: con los MIPYMES no se puede pretender hablar inicialmente de otra innovación que no sea innovación básica, innovación para los chiquitos: mejorar un proceso, mejorar una presentación, un empaque… una llevará a la otra.
La innovación territorial debe partir de procesos simples, prácticos y orientados a “mejorarle el bolsillo” al pequeño empresario.
Usted participa con frecuencia en espacios para emprendedores y programas de acompañamiento. ¿Cuál es el principal reto que observa hoy en la mentalidad emprendedora dominicana y qué mensaje considera urgente para quienes están construyendo startups con proyección regional o global?
En días recientes está resurgiendo un espíritu de esperanza en el ecosistema emprendedor dominicano. Hay muchos emprendedores e innovadores haciendo cosas muy interesantes. Creo que hay que seguir promoviendo ese espíritu mejorando las condiciones en las que se desarrollan los emprendimientos y las MIPYMES en el país, mejorándolas cambiando y quitando trabas, no solo publicando historias bonitas en las redes. No hacemos nada promoviendo al sector emprendedor si no promovemos también el emprendimiento y la innovación gubernamental. Es una tarea pendiente hace muchos años y cada vez más necesaria.
La visión de Ignacio Méndez revela que cambiar las reglas no depende únicamente de tecnología, sino de crear condiciones institucionales, culturales y éticas que permitan que cada idea prospere. Su trayectoria combina experiencia pública, gremial y empresarial con un compromiso profundo hacia las MIPYMES, la reputación corporativa y la innovación territorial. Los datos que comparte desde la adopción tecnológica hasta las barreras regulatorias— recuerdan que el crecimiento real ocurre cuando se alinean capacidades, políticas y propósito. Hacia adelante, insiste en que ninguna transformación será sostenible sin un Estado innovador y un empresariado ético. “Si florecen las ideas, florece el país”: esa es la apuesta que proyecta para el futuro del ecosistema emprendedor dominicano.