Construir confianza para acelerar la transición energética
“Debemos privilegiar una mirada de largo plazo del sector para poder avanzar en esta materia.”
Ignacio Santelices Ruiz
Durante los últimos 15 años, Ignacio Santelices ha sido una de las voces técnicas más influyentes en la elaboración y ejecución de políticas públicas para energías renovables, eficiencia energética, electrificación, economía circular e hidrógeno verde en Chile y en organismos internacionales. Desde su rol en Fundación Chile ha impulsado marcos colaborativos que facilitaron la entrada masiva de energías renovables y el desarrollo de estándares que hoy posicionan al país como un referente global. En esta edición dedicada a la sostenibilidad, profundizamos en los factores institucionales, regulatorios y sociales que permiten sostener una transición energética efectiva, estable e inclusiva. Su mirada combina evidencia, gobernanza y visión estratégica de largo plazo, elementos indispensables para avanzar hacia un modelo energético competitivo y resiliente.
¿Cómo evalúa Ignacio Santelices la capacidad real de Chile —en términos de gobernanza, institucionalidad y articulación público-privada— para sostener inversiones de largo plazo en transición energética?
Chile ha liderado por ya una década la inserción de energías renovables y está haciendo avances importantes en materias de eficiencia energética y economía circular, a partir del diálogo público–privado y el desarrollo de marcos normativos que fomenten el desarrollo de estos temas, los cuales fueron diseñados en forma colaborativa y contaron con apoyo transversal en sus procesos de aprobación. Esto permite sostener los esfuerzos en el tiempo y generar políticas públicas duraderas y estables.
A partir del reporte del World Economic Forum “Fostering Effective Energy Transition 2025”, ¿cuáles considera él que son los aspectos críticos para avanzar hacia marcos regulatorios “estables y adaptativos”, especialmente en un sector que enfrenta cambios tecnológicos y normativos acelerados?
Es un enorme desafío avanzar en marcos regulatorios “estables y adaptativos”, puesto que en el sector energético están apareciendo nuevas tecnologías y modelos de negocio con una velocidad abismante. En ese sentido, debemos procurar que las regulaciones nuevas no “parchen” vacíos de las anteriores, sino que se hagan parte de ellas, velando siempre por el respeto a los derechos adquiridos por los diversos actores. La transición energética requerirá de colaboración público–privada y de cuantiosas inversiones, por lo que debemos generar un clima propicio para que estas se realicen de forma eficiente y al menor costo posible.
La modernización de redes y almacenamiento aparece como uno de los ejes más urgentes para masificar la electrificación. ¿Cómo visualiza Santelices la hoja de ruta para fortalecer la distribución eléctrica, considerando riesgos como la desconexión masiva de clientes y la creciente atomización gremial del sector?
Lamentablemente, no tenemos una hoja de ruta en un tema tan importante como este. Si bien se ha hablado de la necesidad de reformar la distribución eléctrica durante los últimos ocho años, no ha habido avances significativos en la materia, pese a que existe bastante consenso respecto de los mínimos comunes requeridos para avanzar. Debemos privilegiar una mirada de largo plazo del sector para poder avanzar en esta materia.
Desde su rol en Fundación Chile, ¿cuáles son las capacidades diferenciales del país y qué brechas impiden convertir ese liderazgo en una ventaja competitiva sostenible y escalable?
Chile se ha destacado en la transición energética tanto por tener recursos renovables privilegiados, como son la radiación solar y el viento, pero además por generar marcos normativos que han fomentado la entrada de estas tecnologías y por tener un marco institucional que da garantías a los inversionistas al momento de apostar por nuestro país. Más que brechas, debemos evitar la pérdida de oportunidades por privilegiar miradas cortoplacistas o populistas en lugar de buscar maximizar los beneficios sociales con una mirada de largo plazo. Desde Fundación Chile hemos estado promoviendo el diálogo entre diversos actores del sector para promover esta mirada de desarrollo país.
Durante la Semana de la Energía de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), surgió la necesidad de “poner a las personas en el centro de la transición”. ¿Qué estrategias considera clave para reconectar a la ciudadanía con este proceso y asegurar legitimidad social en un momento donde los cambios disruptivos pueden generar incertidumbre o desigualdad?
Lamentablemente, en Chile se juntó la entrada masiva de energías renovables, que han tenido un impacto positivo en el precio, con factores externos como el estallido social y la pandemia; eventos que llevaron a que se disparara el tipo de cambio (aumentó 50% y parte importante de los precios del sector están en dólares) y se congelaran las tarifas, probablemente por un plazo muy superior al que habría sido prudente. Ambos efectos han escondido los beneficios de las energías renovables, por lo que la ciudadanía no ha podido observar sus beneficios. Es importante mostrar qué habría ocurrido con los precios si no hubiésemos tenido la entrada masiva de energías renovables y presentar también los beneficios que traerá la entrada de nuevos recursos renovables.
Ignacio ha enfatizado que la electrificación de consumos bajo los 450°C —motores, climatización, vehículos— es determinante para la descarbonización. ¿Qué habilitadores identifica para acelerar esta adopción a nivel industrial y residencial?
La electrificación es económicamente conveniente, porque las tecnologías eléctricas tienen eficiencias de entre 90% y 300%, respecto de eficiencia de 30% en el caso de motores de combustión. Entonces, no es necesario generar incentivos, sino que generar condiciones para que usar la electricidad sea estable y seguro, minimizando la posibilidad de quedar sin suministro, para lo cual es clave mejorar nuestra infraestructura eléctrica, especialmente en nuestras redes de distribución.
Ante la urgencia de modernizar la institucionalidad energética, ¿cómo debería evolucionar el rol del regulador para equilibrar estabilidad normativa, innovación tecnológica y articulación entre actores públicos, privados y territoriales?
Lo más urgente de la modernización de la institucionalidad es independizar las instituciones que debiesen ser eminentemente técnicas de las decisiones políticas. Además, es importante que las instituciones cumplan con sus obligaciones legales en tiempo y forma, por ejemplo, respecto de las actualizaciones de tarifas.
Desde una perspectiva corporativa y de sostenibilidad estratégica, ¿cómo entiende Santelices la contribución que deben tener las empresas en la transición energética?
En la medida que generemos un marco normativo e institucional adecuado, con los incentivos correctos, las empresas debiesen apostar por nuestro país e invertir en la infraestructura y tecnologías necesarias para avanzar en la transición energética. Para el logro de estos objetivos, es clave además el diálogo público–privado y el desarrollo de una agenda de desarrollo y una mirada de largo plazo común entre los diversos actores del sector.
Factores clave
- La colaboración público–privada y marcos normativos estables explican la década de liderazgo renovable de Chile.
- La modernización de redes de distribución es el mayor cuello de botella para electrificación masiva.
- La ciudadanía no percibe aún los beneficios reales de las renovables debido a efectos externos (tipo de cambio, congelamiento tarifario).
- La institucionalidad técnica independiente es crítica para sostener inversión, competitividad y estabilidad normativa.
Ignacio Santelices ofrece una mirada clara y orientada al bien común: sin estabilidad institucional, visión de largo plazo y colaboración estratégica, la transición energética no puede entregar beneficios reales a las personas ni a las empresas. Su enfoque conecta datos, tecnología y gobernanza para evidenciar que la electrificación, la modernización de infraestructura y la transparencia hacia la ciudadanía son pilares indispensables para un desarrollo energético eficiente y justo. El futuro exige coherencia entre regulación, inversión y propósito. El desafío es avanzar sin perder de vista que una transición exitosa es aquella que crea valor social hoy y competitividad sostenible mañana.