Remesas México
Aunque México ha avanzado en pagos digitales y recibe más de 60 mil millones de dólares anuales en remesas, se mantiene un problema estructural: la fragmentación de los sistemas financieros. Según el Banco de México, gran parte de estos recursos no permanece en el sistema digital, ya que más del 50 % se retira en efectivo.
Este hecho limita el impacto económico de las remesas, ya que el dinero no se canaliza hacia ahorro, inversión o crédito. Investigaciones de la Fundación Interledger señalan que esto genera un “círculo vicioso”: los recursos llegan, se usan para consumo inmediato y no fortalecen la inclusión financiera a largo plazo.
La causa principal es la falta de interoperabilidad entre plataformas. Sistemas de pago, billeteras digitales e instituciones financieras operan de forma aislada, generando fricción, costos adicionales e incertidumbre para los usuarios. Como resultado, muchas personas optan por retirar efectivo.
Además, el uso de efectivo es más costoso: según el Banco Mundial, las remesas digitales tienen un costo promedio de 3.63 %, frente al 6.92 % de las transacciones en efectivo.
Esta fragmentación también afecta a las PyMEs, que deben gestionar múltiples plataformas, asumir comisiones elevadas y, en muchos casos, volver al efectivo para operar, reduciendo su eficiencia.
El reto no es la falta de infraestructura, ya que México cuenta con sistemas avanzados como SPEI, sino su integración. El país necesita conectar mejor sus sistemas financieros. La compatibilidad será clave para reducir costos, mejorar la eficiencia y lograr que el dinero digital genere un impacto económico real y sostenible.