Empedrada: la visión de un soñador que sembró futuro junto a Caral
En el corazón del valle de Supe, donde el sol parece no tener tregua y la historia emerge desde las piedras más antiguas del continente, un joven decidió sembrar algo más que frutos: sembró un sueño. Angelo Pinasco Dellepiane tenía apenas 28 años cuando recibió el Fundo Empedrada, una extensión agrícola venida a menos, endeudada, sin personal y sin rumbo. Lo que para muchos habría sido una sentencia de fracaso, para él fue el punto de partida.
“Recibí el fundo en condiciones muy difíciles. Fue una reingeniería total”, recuerda sin rodeos. No había seguridad, el personal era escaso y los problemas crecían como maleza. Pero en vez de retroceder, Angelo optó por rediseñar desde los cimientos: sistemas, procesos, instalaciones y visión.
Todo cambió en 2005, cuando conoció Caral, la ciudad más antigua de América, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Quedó impactado por su cercanía —a tan solo 20 minutos—, su historia y su silenciosa majestuosidad. “La magia de Caral me llevó a querer compartir su importancia con más personas”, confiesa. Así nació Empedrada Lodge, un oasis entre cerros y cultivos, pensado no solo para recibir turistas, sino para conectar pasado, presente y futuro.
Ubicado en lo alto de una colina, con vistas que cortan la respiración, el lodge integra tres elementos con armonía: historia, sostenibilidad y paisaje. “Estamos dentro de un fundo auditado bajo los más rigurosos estándares internacionales para exportación. Eso nos exige buenas prácticas ecoamigables y equilibrio con el personal”, explica. La sostenibilidad no es un discurso: es una forma de vida.
Angelo ha apostado por un turismo regenerativo, donde cada visitante deja una huella positiva. Los trabajadores son locales, los productos que llegan a la mesa también. Los huéspedes caminan entre cultivos, aprenden de la tierra y descubren el esfuerzo detrás de cada cosecha. Así, el agroturismo se convierte en experiencia educativa y la gastronomía en un puente cultural.
La cocina de Empedrada Lodge, por ejemplo, rinde tributo a la identidad del valle. Se sirve pato al estilo norteño, pero también platos con ingredientes marinos, como lo hacían los antiguos caralinos que combinaban pesca y agricultura. “Es una forma de honrar nuestras raíces y mostrar que el pasado sigue vivo en cada sabor”, afirma.
Su proyecto no fue fácil de vender. El lodge nació como tesis de MBA en la Universidad de Piura, y muchos lo consideraron una locura. “El mayor riesgo era el del fracaso, y con él, el qué dirán”, admite. Pero no se detuvo. Hoy, Empedrada no solo recibe viajeros de todo el mundo, sino también reconocimientos por su aporte al turismo sostenible y a la economía local.
En su libro El éxito pertenece a quien se arriesga, Angelo comparte lecciones de vida, no desde la teoría, sino desde la tierra que trabajó con sus manos. Cuando se le pregunta qué mensaje quiere dejar, responde sin vacilar: “Que cumplan sus sueños, aunque al principio parezcan locuras”.
Entre los restos milenarios de Caral y los campos que hoy florecen bajo el sol del Supe, Empedrada se ha convertido en más que un lodge: es el legado vivo de alguien que decidió apostar por la tierra, por la historia y por el poder de creer.