Hay un think tank danés, 21st Europe, que quiere unir Europa de otra manera, apostando por una movilidad sostenible, y con un proyecto que llevaría ciudadanos desde Lisboa hasta Kiev. Es Starline que pretender estar operativa para el año 2040, y se propone reinventar la infraestructura ferroviaria “fragmentada, desigual y a menudo lenta” del continente, e introducir conexiones ultrarrápidas que compitan con el transporte aéreo.
El grupo danés considera que un diseño unificado es clave para una red transfronteriza con nuevas necesidades. “Las estaciones parecen desconectadas, el diseño de los trenes varía enormemente y el viaje en sí rara vez se considera parte de la experiencia”, afirman sobre el sistema actual. “Otros medios de transporte, desde los trenes bala japoneses hasta los aeropuertos escandinavos, han demostrado que la movilidad puede ser a la vez funcional y emblemática”.
Ellos apuestan por una alta velocidad, a 400 km/h. Y los datos parecen darles viabilidad:
Desde 21st Europa afirman que “el transporte de mercancías por ferrocarril es cuatro veces más eficiente que el transporte por carretera; sin embargo, hoy en día solo el 18% de las mercancías se transportan por ferrocarril. Mientras tanto, una red de pasajeros fragmentada limita la movilidad laboral y el crecimiento empresarial. Un sistema ferroviario de alta velocidad verdaderamente integrado sería un catalizador económico, creando millones de empleos en infraestructura, ingeniería y servicios".
El ejemplo de la economía China no deja lugar a dudas: “cuando China amplió su red ferroviaria de alta velocidad, las ciudades con conexiones de alta velocidad experimentaron un aumento del 14,2% en su PIB, y cada nueva línea de alta velocidad contribuyó con un 7,2% adicional al crecimiento del PIB urbano. Un proyecto europeo de escala similar podría impulsar la inversión, impulsar las economías regionales y hacer que el mercado único se perciba como un mercado único, físicamente, no solo económicamente”, relatan desde Dinamarca.
Las líneas de Starline