En el corto plazo, el oro muestra tanto oportunidades como cautelas. Por un lado, la expectativa de que los principales bancos centrales comiencen a recortar tasas, junto con un dólar debilitado, alimentan la demanda de oro como activo de resguardo, con la posibilidad de alcanzar el primer nivel psicológico de los 4 500 dólares por onza.
Por otro lado, y no menos importante, si la inflación se modera más rápido de lo esperado o el crecimiento económico se acelera, el impulso para el oro podría frenarse e incluso verse obligado a ceder terreno. En el lapso de unos pocos meses, el oro puede beneficiarse de la turbulencia, pero no está libre de correcciones.
Perspectiva a Medio Plazo (6 a 12 meses)
De cara al mediano plazo, la historia se vuelve más interesante. Las previsiones de analistas y bancos sugieren que los precios podrían continuar su escalada si se mantiene la combinación de tasas bajas, dólar débil y tensiones globales persistentes. Por ejemplo, la Deutsche Bank ha elevado su previsión de 2026 a unos 4 000 dólares por onza, citando una demanda sólida de bancos centrales y un debilitamiento del dólar.
Este camino no está garantizado. Algunas proyecciones más conservadoras prevén un ajuste o al menos una consolidación al alza, si la economía mundial logra estabilizarse y reducir los miedos que impulsan al oro. Además, los rendimientos reales (tasas menos inflación) siguen siendo un factor clave a vigilar.
Más allá de los factores tradicionales de tasa de interés, dólar y geopolítica, el contexto estructural está proporcionando un soporte significativo para el oro. Las compras oficiales por parte de bancos centrales están en niveles elevados: en el primer trimestre de 2025 se registraron aproximadamente 244 toneladas netas de adquisiciones, aun siendo algo menores que en periodos anteriores, se mantienen un 24 % por encima del promedio de cinco años.
Esta acumulación contribuye a que el oro deje de considerarse sólo un refugio táctico y pase a formar parte de una estrategia de diversificación estructural de reservas. A su vez, se está redefiniendo la correlación entre el oro y los rendimientos reales, dado que la presión sobre el dólar y el desapalancamiento global han alterado los patrones históricos.
Esto implica que, incluso en escenarios de crecimiento económico moderado o inflación controlada, el oro podría tener un soporte sólido si los bancos centrales siguen adquiriendo y los flujos hacia ETFs y otros vehículos de inversión continúan.