La presión de los datos en un sector que no puede fallar: conversación con Carlos Calderón
La minería latinoamericana vuelve a ocupar un lugar central en la conversación global. No es solo una cuestión de exportaciones: el cobre, el litio y otras tierras raras sostienen hoy la transición energética, la fabricación de semiconductores, las cadenas de suministro de defensa y la infraestructura verde. En ese cruce entre urgencia industrial y competencia geopolítica, Carlos Calderón afirma que la región enfrenta una transformación inevitable, pero aún incompleta.
Calderón es gerente general de Vixora, la unidad de innovación y tecnología de Ferreycorp para las industrias pesadas. También integra el directorio de empresas tecnológicas vinculadas a seguridad industrial y es socio fundador de la Academia de Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial para Minería en la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC), donde forma perfiles capaces de transformar datos operativos en decisiones de alto impacto. Su labor académica y corporativa se conecta con una trayectoria que incluye su participación en el equipo que elaboró la primera Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial del Perú.
A pesar de esa experiencia, Calderón evita la retórica triunfalista.
“La minería sigue rezagada frente a otras industrias que ya operan con modelos digitales maduros. Pero no se trata solo de conservadurismo: aquí los errores tienen consecuencias humanas y económicas enormes”.
Su diagnóstico se inclina siempre hacia la complejidad real del sector. Mientras la banca o las telecomunicaciones digitalizaron procesos en entornos controlados, la minería debió resolver desafíos donde un algoritmo no basta: altitud extrema, maquinaria de cientos de toneladas y condiciones donde una falla puede significar vidas en riesgo. “No es lo mismo crear una billetera digital que operar un cargador frontal a 4500 metros de altura”, dice.
La pandemia aceleró un cambio que parecía lejano: sensores distribuidos en toda la operación, modelos predictivos que anticipan fallas, sistemas de visión computarizada para evitar colisiones y centros remotos que unifican información antes dispersa. Sin embargo, Calderón sostiene que el reto principal ya no es técnico, sino organizacional.
“El activo digital más importante de la industria son los datos, pero aún no generan el valor que podrían”.
Calderón insiste en una idea: las empresas mineras no sufren escasez de información, sino de uso inteligente de la información. Toneladas de registros sobre flotas, energía, geología, clima, desgaste de neumáticos o ventilación subterránea permanecen sin traducirse en decisiones.
Ahí entra su trabajo en UTEC, donde impulsa una formación que combina estadística, modelos de machine learning y, sobre todo, la capacidad de comunicar resultados.
“Un modelo matemático solo cambia una operación cuando alguien sabe explicarlo y persuadir para implementarlo”.
Muchos de los estudiantes que pasaron por la academia hoy ocupan roles analíticos en compañías mineras y proveedores industriales. Otros desarrollan startups de visión computarizada, gemelos digitales o automatización de procesos. Para Calderón, ese flujo formativo es decisivo, porque dos de cada tres puestos en ciencia de datos permanecen vacantes en el mercado general, una brecha que se agudiza cuando la operación exige movilidad o vida en campamentos.
Los casos de uso ya son tangibles. Calderón menciona una siderúrgica que optimizó sus pausas de producción reduciendo emisiones y costos, y sistemas que analizan conversaciones en radios regionales para anticipar tensiones sociales antes de que escalen a bloqueos. “La ciencia de datos es agnóstica: lo que funciona en una industria puede trasladarse a otra”, apunta.
Cuando proyecta el año 2030, no ofrece una promesa futurista sino una advertencia sobria: la minería será más autónoma, más remota y más guiada por datos, pero no todas las organizaciones avanzarán al mismo ritmo.
Antes de terminar, Calderón deja una frase que sintetiza la tensión central de la industria:
“La tecnología resuelve una parte. La otra está en las personas. La minería va a cambiar con nosotros o sin nosotros, pero alguien tendrá que decidir cómo queremos que cambie”.