Esta disparidad no responde únicamente a la ubicación o al tamaño, sino a un factor menos visible, pero determinante: el nivel de madurez financiera con el que operan.
A menudo se asume que los obstáculos que enfrentan las pymes mexicanas son externos, regulaciones, costos, inseguridad, que si bien, son factores importantes, expertos coinciden en que la diferencia entre crecer o estancarse está dentro del negocio. Se trata de la capacidad de una empresa para gestionar sus recursos financieros con visión de largo plazo, tomar decisiones informadas y responder con agilidad a los cambios del entorno.
Un estudio reciente elaborado por Xepelin México dimensiona el tamaño del reto. De acuerdo con los datos de su informe “Elevando la madurez financiera de las pymes mexicanas 2025”, solo el 10 % de estas empresas opera con un nivel estratégico de gestión financiera. El resto se encuentra en fases reactivas, organizadas o apenas proactivas. Además, un 23 % aún depende de hojas de cálculo como herramienta principal, y un 10 % no cuenta con sistema financiero alguno.
La brecha no es menor. Según estimaciones de McKinsey & Company con datos del Banco Mundial, si las pymes en economías emergentes, como la mexicana, lograran igualar su productividad con la de las grandes empresas, el impacto podría representar entre 5 % y 10 % del PIB. En un país donde este sector constituye más del 99 % de las unidades económicas, los efectos serían significativos.
Pero alcanzar esa meta implica superar más que solo retos administrativos. Las pymes están operando bajo una presión histórica sin precedentes. Expertos han denominado las “Cuatro fuerzas convergentes” que marcan el 2025 como un punto de inflexión: un entorno económico incierto, la aceleración tecnológica (especialmente en inteligencia artificial), un marco regulatorio cada vez más exigente y una transición generacional que redefine los liderazgos dentro de las organizaciones.
A esto se suma un entorno de vulnerabilidad sistémica. De acuerdo con el mismo estudio, el 53 % de los empresarios teme que sus propios clientes quiebren, y un 37 % señala el incumplimiento de pagos como uno de sus principales riesgos. En el plano macroeconómico, persiste la preocupación por una posible recesión global (30 %), aranceles a insumos importados (28 %) y restricciones a las exportaciones (23 %). Finalmente, temas de gobernabilidad como la inseguridad (28 %) y la corrupción en el ecosistema (18 %) completan un panorama adverso.
Bajo estas condiciones, operar sin visibilidad financiera se vuelve insostenible. La falta de sistemas contables adecuados, el escaso uso de métricas, la informalidad en la gestión del capital de trabajo y la nula planificación financiera son más que una ineficiencia: son un freno estructural para el desarrollo económico regional.
El impacto se vuelve visible en la desigualdad entre zonas del país. Mientras algunas regiones, como el Bajío o el norte industrializado, avanzan hacia un ecosistema de proveedores con estructuras financieras sólidas y procesos digitalizados, otras regiones con alto potencial, como el sureste, se ven marginadas por la falta de capacidades básicas de gestión.
El reto, entonces, no es solo adoptar tecnología o acceder a crédito. Es profesionalizar la manera en que las pymes mexicanas entienden sus finanzas, miden su desempeño y toman decisiones. El estudio de Xepelin apunta a que avanzar en ese camino requiere acciones concretas: diagnóstico de nivel de madurez, capacitación especializada, adopción de herramientas digitales y mejores condiciones de financiamiento para quienes demuestran gestión responsable.
La competitividad ya no se mide solo en costos o escalabilidad, y en ese sentido es donde la madurez financiera se convierte en un nuevo estándar. Y su ausencia, en un síntoma de rezago. Aumentar el número de pymes que operan con visión estratégica no es un objetivo teórico: es una condición necesaria para que más regiones del país puedan integrarse, de forma sostenible, al crecimiento.
Sobre Xepelin
Xepelin está revolucionando las finanzas empresariales en Latinoamérica con una plataforma innovadora que ofrece financiamiento en tiempo récord y optimiza la gestión financiera mediante IA. Con tecnología de datos e inteligencia artificial, ayuda a las pymes a tomar mejores decisiones, evaluar riesgos y operar con mayor eficiencia desde una sola cuenta.
Su misión es clara: ser el primer banco impulsado por inteligencia artificial para las pymes, brindándoles tecnología de punta para crecer de manera sostenible. Su plataforma permite a las empresas acceder a financiamiento de manera rápida y flexible a través del adelanto de facturas y pagos a proveedores. Además, ofrece una plataforma completa que automatiza cobros y pagos, brinda visibilidad financiera en tiempo real y permite evaluar el riesgo de clientes y proveedores con inteligencia de datos.
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