Dulzura y tradición de la Navidad venezolana

Con una presencia «sútil y silenciosa» los dulces cierran uno de los rituales más valorados por la familia venezolana, compartir la mesa en Navidad.

Aunque, sin duda, en el plato principal la hallaca, el pan de jamón y ensalada de gallina tienen el protagonismo, los postres y dulces tradicionales cumplen un rol esencial, como señaló Rubén Darío Rojas, comunicador gastronómico y profesor de historia de la cocina en la Academia de Gastronomía UCAB, durante una entrevista en el programa De Primera Mano de Radio Fe y Alegría Noticias.

Según el comunicador, lo más tradicional de estas tradiciones son los dulces en almíbar, especialmente el dulce de lechoza.

Resaltó que, existen registros de su elaboración desde la época colonial, específicamente en conventos, siendo el primer registro conocido el de las monjas clarisas en el estado Mérida.

Destacó que, a pesar de que este postre inicialmente está asociado a la Navidad, también se prepara en Semana Santa.

Rojas comentó que, aunque el dulce de lechoza es la base, a lo largo del tiempo se han incorporado otros postres que ya son parte de la idiosincrasia nacional, como la torta negra, los turrones e incluso el panetón, que se enraizó en el país en la década de 1950.

Aseguró que, la gastronomía venezolana es el resultado de múltiples fusiones y mezclas culturales, y la torta negra es uno de esos ejemplos.

El profesor explicó que la torta negra es una herencia caribeña, que llegó a través de migrantes de las Antillas con una base tradicional inglesa y fuertes influencias de especias continentales.

Apuntó que, la versión venezolana se distingue por modificaciones claves en la paleta de sabores, ya que sustituye el azúcar por papelón y se le incorpora chocolate.

Los dulces tradicionales gozan de un mayor consenso nacional

Los postres, al ser una ciencia más exacta, no permiten variar las proporciones de ingredientes tan libremente como en la cocina salada. «Las recetas dulces necesitan mantenerse estandarizadas,» afirmó Rojas.

El especialista indicó que, las variaciones se limitan a detalles como si la torta negra lleva o no nueces, o el tamaño del corte de la fruta en el dulce de lechoza.

A diferencia de la hallaca, cuya receta está en constante evolución y ha permitido que se manifiesten, en su preparación, las particularidades de cada región del país.

Otro que destaca en la mesa es el ponche de crema, para Ruben Darío Rojas una bebida que trasciende lo industrializado, siendo la receta de la abuela un tesoro familiar.

Explicó que, el ponche de crema es una de esas preparaciones básicas que se encuentra en otros países con nombres como rompope en México o coquito en Puerto Rico.

Dijo que, al ser una crema básica a la que se le pueden añadir otros ingredientes, cada familia crea su propia versión, variando los ingredientes.

El profesor de historia de la cocina remarcó que aunque la dulcería es «tímida» en la mesa navideña, juega un rol importante.

Señaló que después de la complejidad de platos protagonistas como la hallaca y el pan de jamón, los postres como el quesillo, el dulce de lechoza o el majarete, actúan como un «extra en un reparto teatral» cierran el servicio con una sutileza que equilibra la pesadez del plato principal.