No habla de crecimiento como carrera ni de impacto como consigna. En la conversación con Angelo Pinasco, las decisiones aparecen como capas de tiempo: algunas rentables, otras incómodas, todas formativas. Desde la agroexportación hasta el agroturismo, su mirada se mueve entre el negocio y el territorio, con una premisa constante: nada sostenible se construye a corto plazo.
Por momentos, Pinasco habla como empresario; por otros, como alguien que ha aprendido a escuchar al negocio tanto como al mercado. Su tono es reflexivo, sin épica forzada. “El punto de quiebre dice fue entender que crecer no siempre es escalar rápido, sino elegir bien dónde poner la energía”. En agroexportación, explica, el margen no está solo en producir más, sino en controlar la cadena, construir reputación y pensar a largo plazo. Renunciar a negocios de caja inmediata, pero sin futuro, definió su forma de emprender: menos oportunismo, más propósito.
Desde el Perú, observa un cambio estructural en la demanda global. El volumen y el precio ya no bastan. Hoy pesan la trazabilidad, el impacto ambiental y social, la historia detrás del producto y la estabilidad del proveedor. “El empresario que solo reacciona llega tarde”. Anticiparse, afirma, exige leer al consumidor final, invertir en datos, certificaciones reales y relaciones de largo plazo. El mercado castiga la improvisación.
Invertir en Caral fue llegar antes de que existieran infraestructura y narrativa turística. El riesgo mayor no fue financiero, sino de paciencia. “Ser pionero exige convicción y mirada de ecosistema. Si el entorno no crece contigo, el proyecto se queda solo”. Tener razón antes no basta; hay que sostenerla en el tiempo.
La sostenibilidad, para Pinasco, no admite atajos. Medir agua, suelo e impacto laboral implica asumir costos hoy para evitar crisis mañana. El greenwashing aparece cuando se comunica más de lo que se hace. “Prefiero hacer más de lo que se comunica”.
Esa lógica atraviesa Empedrada Ranch & Lodge. Lo ancestral dice no es decoración ni storytelling vacío. Es contexto vivo. La experiencia se construye escuchando a la comunidad y aceptando que no todo debe adaptarse al turista. Cuando educa e incomoda un poco, deja de ser producto y se vuelve memoria.
Sobre el futuro del agroturismo en el Perú, es claro: integrar producción, territorio y experiencia, sin copiar modelos externos. “Sin agricultura viva, el agroturismo es escenografía. Y la escenografía, tarde o temprano, se cae”. Emprender hoy resume exige visión sistémica, paciencia estratégica y coherencia. El mercado puede perdonar errores; no perdona la falta de honestidad.