Brigitt Bencich: el poder de decidir cuando no hay margen de error

Brigitt Bencich habla con la calma de quien ha tenido que decidir cuando el margen era mínimo. Hoy preside el directorio de SEAL, la empresa de distribución eléctrica de Arequipa, uno de los sectores más estratégicos del sur del Perú. En un ámbito históricamente dominado por hombres, su liderazgo no irrumpe: se afirma. “Nunca me interesó ocupar espacios por excepción”, dice. “Me interesó estar preparada cuando llegara el momento”.

Ese momento, en realidad, llegó varias veces antes. Economista formada en la Pontificia Universidad Católica del Perú y con una maestría en Administración Pública y Desarrollo Internacional por la Universidad de Harvard, Bencich ha construido una trayectoria de más de veinte años entre el sector público y el corporativo. No lo vivió como un tránsito errático, sino como una forma de comprender el sistema completo. “El Estado y la empresa no son mundos opuestos. Cuando se desconectan, quien pierde es la gente”.

Esa convicción adquirió un peso distinto en diciembre de 2020, cuando asumió como viceministra de Economía del Perú, en plena segunda ola de la pandemia. El país atravesaba uno de sus momentos más frágiles y cada decisión económica tenía consecuencias inmediatas sobre la vida cotidiana. Desde el Ministerio de Economía y Finanzas integró el equipo encargado de coordinar la compra y llegada de las vacunas contra la COVID-19. “Era evidente que sin vacunación no había recuperación posible. Ni económica ni social”, recuerda.

El trabajo fue intenso, silencioso y, muchas veces, invisible. Coordinación internacional, presión política y urgencia permanente convivían en jornadas que parecían no terminar. Cuando las primeras vacunas llegaron en febrero de 2021, el alivio fue colectivo. “Ahí entendí que liderar no siempre es hablar. A veces es sostener”.

Esa experiencia redefinió su manera de ejercer autoridad. “En crisis, la serenidad importa tanto como la decisión”, afirma. Luego vendría otro desafío. Al asumir la presidencia de COFIDE, el banco de desarrollo del Perú, se convirtió nuevamente en la primera mujer en ocupar el cargo. Desde allí impulsó la expansión nacional del Programa Inclusivo de Desarrollo Empresarial Rural, creando un fondo de 50 millones de soles que permitió a miles de pequeños productores acceder por primera vez al sistema financiero formal. “El desarrollo no puede quedarse en los indicadores. Tiene que sentirse en el territorio”.

Hoy, desde la presidencia del directorio de SEAL, el reto es distinto. Gobernanza, sostenibilidad e inversión de largo plazo se combinan con una reflexión constante sobre cómo se toman las decisiones. Su gestión ha fortalecido la credibilidad financiera de la empresa, pero ella prefiere hablar de cultura organizacional. “Los equipos diversos piensan mejor. No es una consigna, es una realidad que se ve en los resultados”.

Bencich impulsa la equidad de género como parte de la estrategia, no como un gesto simbólico. “La sostenibilidad empieza por las personas”, insiste. Observa a América Latina como una región en plena reconfiguración, donde la energía, la infraestructura social y la tecnología abrirán espacios para liderazgos distintos.

Antes de despedirse, deja una idea que resume su recorrido: “El liderazgo no se hereda ni se concede. Se construye, incluso cuando el contexto es adverso y nadie te promete el camino”.