Cómo la eficiencia en la cadena de suministro impacta en la calidad de vida de los chilenos
Detrás de cada producto que llega a un hogar o a una estantería, existe una compleja red que determina el bienestar diario de la población. Una cadena de suministro eficiente no solo es una meta operativa para las empresas; es el motor que asegura que medicamentos en invierno o protectores solares en verano estén disponibles cuando las personas realmente los necesitan.
Cuando esta cadena falla, las consecuencias son inmediatas: pérdida de tiempo buscando productos inexistentes, cambios en las rutinas familiares y, en muchos casos, el pago de sobreprecios por alternativas menos convenientes. "La logística y la última milla son el momento en que una promesa se convierte en realidad. Si funciona bien, facilita la vida, ahorra tiempo y reduce fricciones", explica Ignacio Torrealba, KAM en EIT Logística, la eficiencia alinea la promesa comercial con la realidad, protegiendo la confianza y la calidad de vida de los consumidores. Además, una planificación adecuada mejora la convivencia urbana al disminuir la congestión y los ruidos en las comunidades.
Para enfrentar estos desafíos, la tecnología se ha vuelto el pilar de la resiliencia. El uso de sistemas TMS para la planificación de rutas en tiempo real y pruebas de entrega digitales permite hoy una trazabilidad total, reduciendo errores y reclamos. En materia de seguridad, herramientas como torres de control, GPS en línea y georreferenciación para la apertura segura de puertas protegen tanto la carga como a los conductores, asegurando que los bienes esenciales lleguen a su destino sin contratiempos.

“Una logística eficiente democratiza el acceso al consumo e impulsa el desarrollo social, permitiendo que los servicios esenciales estén disponibles de forma continua en todo el territorio”, concluye Ignacio Torrealba.