La caída del tipo de cambio hasta 17.66 no es un movimiento menor y refleja algo más que una reacción puntual del mercado. El peso mexicano está incorporando una combinación de factores bien definidos: un dólar con debilidad estructural, expectativas de una Reserva Federal con mayor flexibilidad y flujos constantes hacia monedas emergentes con fundamentos relativamente sólidos. La trayectoria ha sido ordenada y progresiva, lo que sugiere que se trata de una tendencia construida a lo largo del tiempo y no de un episodio especulativo aislado. En este contexto, el mercado comienza a identificar zonas técnicas más profundas, con un soporte relevante en torno a 16.58, nivel que podría funcionar como referencia en caso de que continúe la apreciación del peso.
En este entorno resurge el componente político a partir de las declaraciones de Donald Trump en torno al T-MEC, donde plantea la posibilidad de una revisión o renegociación del acuerdo. Si bien estos comentarios han generado ruido en el mercado local, la reacción ha sido contenida. Desde una perspectiva económica, el mercado reconoce que el T-MEC es estratégico no sólo para México, sino también, y de manera muy relevante, para Estados Unidos, al sostener cadenas de suministro clave en sectores como automotriz, manufactura avanzada y relocalización productiva. Cualquier debilitamiento del acuerdo implicaría costos significativos para la economía estadounidense, particularmente en términos de competitividad y eficiencia productiva.
El peso se está apreciando y el dólar cae no por el comercio, sino por flujos financieros. Aunque en teoría una menor exportación implicaría menos dólares entrando a México, eso solo aplica cuando el impacto es real y sostenido. Hoy el mercado no está descontando una caída efectiva de exportaciones, sino un aumento del riesgo macro en Estados Unidos.
Este punto resulta central para entender el comportamiento del USDMXN. Cuando se cuestiona el tratado, el mercado tiende a interpretar que el riesgo macroeconómico se desplaza hacia Estados Unidos, más que hacia México. Como consecuencia, la reacción predominante no es una salida de capitales del país, sino una reducción de exposición al dólar y una mayor demanda por el peso mexicano. En términos prácticos, esto se traduce en ventas de dólares y compras de pesos, reforzando la presión bajista sobre el tipo de cambio.