Desde el 17 de enero de 2026 , las aguas internacionales dejaron de ser un territorio sin reglas claras y pasaron a tener un marco de protección común con el Tratado de Alta Mar.
Este acuerdo busca regular el uso y la conservación de casi la mitad del planeta, hoy sometido a crecientes presiones ambientales .
De esta manera, la comunidad internacional comienza a asumir una responsabilidad colectiva sobre ecosistemas clave para el equilibrio climático global.
Cooperación para proteger lo que no es de nadie
El tratado establece mecanismos inéditos para gestionar los espacios marinos fuera de las jurisdicciones nacionales
Por un lado, permite la creación de áreas marinas protegidas en alta mar , algo que antes carecía de respaldo legal .
Además, incorpora evaluaciones de impacto ambiental para actividades nuevas y emergentes, como la geoingeniería o la captura de carbono en el océano .
Tras 20 años de negociaciones, entró en vigor el Tratado de Alta Mar: 81 países se unen para proteger la biodiversidad oceánica
América Latina ante un nuevo escenario oceánico
En este contexto, América Latina y el Caribe aparecen como actores relevantes dentro de la implementación del acuerdo.
La región participó activamente en las negociaciones a través de alianzas flexibles que permitieron asumir liderazgos técnicos .
De esta manera, los países lograron posicionar prioridades vinculadas a la conservación marina y la protección de la biodiversidad.
Dos propuestas emblemáticas en marcha
Entre las primeras iniciativas regionales destacan la Cordillera de Salas y Gómez y el Domo Térmico . La Cordillera de Salas y Gómez, impulsada por Chile , se sustenta en una sólida tradición oceánica y en el aporte del conocimiento del pueblo Rapa Nui.
En paralelo, el Domo Térmico, liderado por Costa Rica , se basa en evidencia científica de su alta productividad biológica .
La biodiversidad y la ciencia como ejes de protección
El Domo Térmico es un fenómeno oceanográfico del Pacífico Centroamericano que concentra especies emblemáticas como la ballena azul y la tortuga baula.
Aunque históricamente se asocia con Costa Rica , ahora se proyecta como una propuesta conjunta, ya que involucra aguas internacionales. Por lo tanto, la iniciativa promueve una gestión compartida basada en la ciencia y la cooperación regional.
Tratado de alta mar.
Gobernanza integrada contra viejas amenazas
El tratado también introduce una perspectiva integrada sobre los proyectos que, incluso dentro de aguas nacionales, puedan afectar la alta mar.
En ese sentido, actividades como la exploración de hidrocarburos deben evaluarse si generan impactos significativos más allá de las fronteras.
Esta lógica busca superar una gobernanza fragmentada y avanzar hacia decisiones coordinadas y consultadas.
El Tratado de Alta Mar y sus beneficios estratégicos
El acuerdo contempla la distribución justa de los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos . Asimismo, fortalece la transferencia de tecnología y la creación de capacidades para los países con menos recursos científicos.
De esta manera, América Latina y el Caribe puede acceder a información clave sobre la biodiversidad profunda y el desarrollo sostenible.
Un océano compartido con reglas comunes
Con la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar, la protección de los océanos da un paso decisivo. La alta mar deja de ser un vacío jurídico y se transforma en un espacio de cooperación global.
En este camino, la región latinoamericana se posiciona como protagonista de una nueva etapa para la gobernanza de los océanos.