Cecilia Olortegui: el desafío de profesionalizar una empresa familiar

En el sector salud, donde cada decisión se traduce en continuidad de abastecimiento, confianza pública y calidad asistencial, la innovación suele asociarse a tecnología o desarrollo científico. Sin embargo, existe una innovación menos visible y muchas veces más determinante: la que ocurre dentro de las organizaciones, allí donde se definen las reglas que sostienen o erosionan un proyecto empresarial en el tiempo.

Es precisamente en ese plano donde se inscribe la historia del Grupo Corpol, no como un relato de crecimiento lineal, sino como un proceso de transformación progresiva en el que gobierno corporativo, cultura interna y profesionalización han sido piezas clave para convertir una empresa familiar en una organización con mirada estratégica.

Fundada en 1997 por su padre, Corpol nació como un emprendimiento profundamente familiar, impulsado por la convicción de contribuir al acceso a medicamentos confiables en el mercado peruano. Desde muy temprano, Cecilia Olortegui asumió un rol central en ese proceso, acompañando el desarrollo de la empresa junto a sus hermanos y convirtiéndose en un pilar de su crecimiento sostenido y posterior consolidación en el sector farmacéutico.

Ese tránsito hacia una estructura profesional no fue automático ni exento de tensiones. Supuso revisar prácticas arraigadas, redefinir roles y aceptar que lo que había sido eficaz en una etapa ya no lo sería cuando el negocio empezó a escalar. Fue entonces cuando surgió una de las preguntas más decisivas para cualquier empresa familiar: ¿cuándo profesionalizar?

“Es la pregunta del millón”, responde Cecilia. Su respuesta combina realismo empresarial con lectura estratégica: el salto se vuelve inevitable una vez que existen recursos para invertir en gestión profesional y cuando el crecimiento supera la capacidad de la estructura original. A partir de ese punto, la profesionalización deja de ser una aspiración para convertirse en una condición de sostenibilidad.

Sin embargo, profesionalizar no consiste únicamente en incorporar talento externo. Exige aprender a soltar control sin perder foco estratégico. Cecilia reconoce que uno de los mayores desafíos fue confiar en profesionales ajenos al entorno familiar, aunque aclara que la pérdida de consistencia no suele provenir de quienes llegan de fuera, sino de las tensiones internas cuando no existe claridad sobre qué preservar y qué transformar.

Desde esta perspectiva, la innovación organizacional no ocurre solo en procesos, sino en la calidad de las conversaciones que la familia empresaria se atreve a sostener al ingresar en una nueva fase de madurez.

Esa misma lógica se traslada a la cultura interna, que Cecilia concibe no como un discurso decorativo, sino como un cimiento operativo. Para ella, el respeto no es un valor abstracto, sino una norma que define cómo se ejerce la autoridad y cómo se construye legitimidad dentro de la organización. La cultura se expresa en los gestos mínimos, en quién es visto y quién queda invisible, y en cómo se distribuye el poder cotidiano.

Con una estructura más sólida y una cultura deliberadamente cuidada, el siguiente paso fue inevitable: mirar más allá del mercado local. Hoy, Perú sigue siendo el eje central del Grupo Corpol; sin embargo, la visión es regional. La empresa ya explora registros en Colombia, Ecuador y República Dominicana, con la expectativa de ampliar su impacto sin comprometer estándares ni diluir su enfoque.

Este proceso de maduración también llevó a Cecilia a cuestionar otras estructuras, particularmente aquellas vinculadas al poder y al liderazgo femenino. Su posición es clara: el empoderamiento real exige el respaldo activo de quienes hoy concentran mayoritariamente el poder y una medición equitativa del desempeño.

Con los años, Cecilia ha redefinido también su propio rol. Hoy se presenta como accionista y miembro del consejo consultivo, con una mirada puesta menos en los logros coyunturales y más en la sostenibilidad humana del negocio.

Finalmente, Cecilia vuelve al punto de origen: la familia empresaria como núcleo estratégico. Para ella, la continuidad no depende solo del mercado, sino de lo que la familia se atreve a conversar cuando nadie está mirando: quién quiere estar, desde dónde y con qué nivel de profesionalización. No basta con heredar acciones; hay que elegir, con conciencia, desde dónde se contribuye al proyecto común.