La industria manufacturera venezolana cerró 2025 con un dato clave para entender su desempeño y su potencial: la Utilización de la Capacidad Instalada (UCI) alcanzó 52,7% en el cuarto trimestre, según la Encuesta de Coyuntura Industrial de Conindustria. El indicador confirma una recuperación progresiva del aparato productivo, pero también revela que casi la mitad de la capacidad industrial del país permanece ociosa.
Para los industriales, este nivel de UCI representa una doble lectura: por un lado, evidencia que la actividad ha venido repuntando; por el otro, muestra que existe un margen significativo para expandir la producción sin necesidad de grandes inversiones iniciales, siempre que mejoren las condiciones operativas y macroeconómicas.
Potencial productivo que sigue sin aprovecharse
El 47% de capacidad no utilizada se convierte en un elemento central para inversionistas y analistas. En un entorno donde la demanda interna sigue débil y el financiamiento bancario es prácticamente inexistente —la cartera crediticia equivale a apenas 2,7% del PIB—, la industria ha logrado sostener su actividad con recursos propios.
Este desempeño, según Conindustria, demuestra que el sector podría crecer más rápido si se reducen las restricciones que hoy frenan la producción: carga tributaria elevada, brecha cambiaria, escasez de divisas, inestabilidad macroeconómica y baja demanda.
El repunte de la capacidad instalada ha tenido efectos visibles en la actividad del sector. El cuarto trimestre cerró con un crecimiento interanual de 9,5%, impulsado por un diciembre particularmente dinámico. Aun así, el desempeño anualizado se ubicó en 5,4%, por debajo del 16,1% registrado en 2024, lo que sugiere que la recuperación continúa, pero a un ritmo más moderado.
El uso más intensivo de la capacidad instalada también ha tenido un impacto directo en las remuneraciones. Al cierre de 2025, el ingreso promedio del sector industrial alcanzó 503 dólares mensuales, con mejoras en todas las escalas salariales. Entre 2021 y 2025, las remuneraciones crecieron 205%, un comportamiento que los industriales atribuyen al aumento de la actividad productiva y a una gestión más eficiente de inventarios y pedidos.
Uno de los elementos más llamativos del informe es que este avance se ha logrado prácticamente sin financiamiento. La cartera crediticia del país equivale a apenas 2,7% del PIB, lo que obliga a las empresas a operar con capital propio. Para Conindustria, este hecho subraya tanto la resiliencia del sector como el potencial que podría desplegarse si existiera un sistema financiero capaz de acompañar la expansión.
De cara a 2026, los industriales proyectan un crecimiento de 12,7% en la producción. La expectativa se apoya en una mayor estabilidad operativa, en mejores pedidos y en la posibilidad de integrarse a nuevas cadenas de valor vinculadas a la expansión petrolera. El mensaje de fondo es claro: la industria está lista para producir más, pero necesita condiciones mínimas para aprovechar la capacidad ociosa que hoy permanece sin uso.