En Iquitos, la electricidad no es simplemente un servicio público: es el punto de equilibrio entre crecimiento y fragilidad. Aislada del Sistema Eléctrico Interconectado Nacional (SEIN), la ciudad depende de una estructura energética que funciona bajo presión constante. La pregunta no es si el sistema resiste hoy, sino cuánto tiempo puede hacerlo sin una transformación estratégica.
El ingeniero mecánico eléctrico Rigoberto Mendieta, con más de cuarenta años de experiencia en generación, transmisión y distribución eléctrica, observa el panorama con la perspectiva de quien ha visto evolucionar y observar el desafío pendiente de la transición energética del país. Su diagnóstico parte de una premisa clara: el problema no es únicamente la capacidad instalada, sino la potencia firme disponible en los momentos críticos.
“Podemos tener cifras que aparentan suficiencia, pero lo determinante es la disponibilidad real cuando la demanda alcanza su punto máximo”, señala Mendieta.
Actualmente, la demanda de Iquitos oscila entre 75 y 80 MW y mantiene una tendencia ascendente. Aunque la potencia nominal instalada supera ese promedio, la operación diaria revela limitaciones estructurales. Mantenimientos programados, fallas forzadas y restricciones logísticas en el suministro de repuestos de las unidades generadoras reducen la capacidad efectiva justo cuando más se necesita.
Esa brecha entre lo nominal y lo operativo es el núcleo del riesgo. “No se trata solo de generación; se trata de confiabilidad”, afirma el ingeniero Mendieta. La consecuencia es clara: altos costos variables, dependencia sostenida de combustibles fósiles y vulnerabilidad ante posibles racionamientos.
Frente a este escenario, propone una arquitectura energética escalonada. El primer tramo, proyectado para el periodo 2026–2030, contempla la implementación de una planta de ciclo combinado 2×1 de 150 MW. La estrategia busca optimizar turbinas a gas existentes mediante la incorporación de calderas de recuperación de calor y una turbina de vapor.
“Con el ciclo combinado podemos alcanzar eficiencias superiores al 55 %. Eso significa menos combustible, menos emisiones y mayor estabilidad operativa”, explica Mendieta.
En un sistema aislado como el de Iquitos, la eficiencia no es solo un indicador económico. Es, como lo define el propio Mendieta, una forma de resiliencia. Una generación base más estable reduce la exposición a contingencias, mejora el control de frecuencia y disminuye la presión sobre unidades envejecidas.
Sin embargo, la modernización térmica no opera en solitario. El ingeniero Mendieta plantea complementar el sistema con aproximadamente 100 MWp de energía solar fotovoltaica distribuida, organizada en parques de 25 MW.
“La energía solar no aporta potencia firme nocturna, pero desplaza generación diésel durante el día. Esa liberación térmica permite atender mejor los picos y reduce costos”, sostiene Mendieta.
En esta etapa, la transición energética se entiende como complementariedad. La generación solar reduce emisiones y mejora indicadores ambientales, mientras el ciclo combinado asegura respaldo firme. El resultado es un sistema híbrido más eficiente y menos expuesto.
El horizonte posterior a 2030 abre un debate de mayor escala. La interconexión al SEIN aparece como una solución estructural que permitiría acceder a energía más económica y con mayor respaldo sistémico. No obstante, implica estudios complejos de transmisión, evaluación ambiental y una inversión significativa.
“No es una solución inmediata. Requiere planificación financiera y decisión institucional de largo plazo”, puntualiza el ingeniero Mendieta.
En paralelo, introduce otra alternativa estratégica: los reactores modulares pequeños (SMR). Con factores de planta superiores al 90 %, esta tecnología podría garantizar suministro firme, limpio y continuo en sistemas aislados.
“Si el país desarrolla un marco regulatorio nuclear sólido, Iquitos podría convertirse en un proyecto piloto de alta confiabilidad energética”, concluye Mendieta.
Más que elegir una única vía, la propuesta del ingeniero Mendieta combina tiempos y tecnologías. Refuerzos inmediatos, modernización en el mediano plazo e investigación estructural hacia 2050 conforman una hoja de ruta coherente.
“La seguridad energética no es una obra puntual; es una construcción estratégica sostenida en el tiempo”, afirma Mendieta.