La economía venezolana revaloriza la experiencia sobre la juventud
El mercado laboral venezolano atraviesa una transformación silenciosa pero profunda. Tras años en los que las empresas operaron bajo una lógica de resistencia —estructuras mínimas, costos ajustados, decisiones orientadas a sobrevivir—, el país comienza a moverse hacia un escenario donde el crecimiento vuelve a ser una posibilidad tangible. Ese cambio, impulsado en parte por la reapertura del sector petrolero y el efecto dominó sobre otras industrias, está modificando la forma en que las organizaciones buscan y seleccionan talento.
En este nuevo contexto, la experiencia profesional ha recuperado un peso que había perdido durante la última década. La profesora universitaria María Elena Alvarado, vinculada a la Asociación Venezolana de Gestión Humana (AVGH) y al IESA, explica que los procesos de reclutamiento ya no se rigen por filtros tradicionales como los límites de edad —el habitual “hasta 35 años”—, sino por la capacidad real de un candidato para aportar competencias, criterio y trayectoria.
La escasez de talento joven calificado, acentuada por la migración y por brechas formativas que aún persisten, ha obligado a las empresas a mirar hacia perfiles senior para cubrir posiciones críticas. En áreas técnicas, estratégicas y de liderazgo, la experiencia acumulada se ha convertido en un activo indispensable para sostener los planes de expansión previstos para 2026. Alvarado lo resume con claridad: “Las compañías han tenido que utilizar recursos que posiblemente deberían estar en tiempos de salida para ocupar esas posiciones críticas basadas en la experiencia que tienen”.
Este giro no solo responde a la falta de relevo generacional, sino también a la necesidad de contar con profesionales capaces de operar en un entorno que vuelve a exigir visión, capacidad de ejecución y dominio técnico. Las organizaciones, que durante años funcionaron con equipos reducidos al mínimo, ahora comienzan a ampliarlos y a competir nuevamente por perfiles especializados. La edad deja de ser un filtro y la trayectoria se convierte en el elemento diferenciador.
Aunque el mercado laboral venezolano sigue enfrentando desafíos estructurales —informalidad, brechas salariales, migración—, la revalorización de la experiencia marca un punto de inflexión. La transición desde la supervivencia hacia la escalabilidad no solo redefine las prioridades empresariales, sino que también reordena las oportunidades profesionales en un país que empieza a reactivar su músculo productivo.
Con información de Fedecámaras Radio