El BCV vuelve a la mesa del sistema financiero internacional

La Licencia General 57, emitida por la OFAC, reabre un canal que llevaba años cerrado para Venezuela: la posibilidad de que el Banco Central de Venezuela (BCV) vuelva a operar directamente con el sistema financiero estadounidense. La medida, interpretada como un gesto de flexibilización hacia el sector público financiero, podría transformar la operatividad del mercado cambiario. Pero, como advierten los economistas Hermes Pérez y Asdrúbal Oliveros, su alcance real dependerá de procesos técnicos y regulatorios que aún están por completarse.

Para Pérez, exjefe de la mesa de cambio del BCV, la licencia corrige una anomalía. Hasta ahora, los recursos se manejaban a través de una cuenta del Tesoro de Estados Unidos y mediante bancos intermediarios, un mecanismo que describe como “poco práctico” y alejado del funcionamiento natural de un banco central. Con la nueva autorización, el BCV podría retomar la centralización de estas operaciones y establecer contacto directo con la Reserva Federal, lo que facilitaría la ejecución de transacciones y reduciría fricciones operativas.

Sin embargo, el economista subraya que la licencia es apenas el primer paso. Para que el BCV pueda operar, los funcionarios encargados deben ser autorizados por las autoridades estadounidenses bajo los protocolos de “conocimiento del cliente”. En el pasado, cuando la institución mantenía estabilidad institucional, los cambios en la presidencia no paralizaban las operaciones porque otros firmantes conservaban su autorización. Hoy, ese andamiaje debe reconstruirse desde cero.

Pérez recuerda que la aprobación de firmas autorizadas puede tardar entre nueve meses y un año, especialmente si se trata de funcionarios sin historial previo en el sistema financiero internacional. “No es un proceso de dos días ni de una semana”, advierte. Aun así, considera que la medida se inscribe en una mejora progresiva de las relaciones entre Caracas y Washington, con potencial para facilitar la transferencia de recursos y devolver al BCV un rol más pleno en la administración cambiaria.