Mujeres Factor de Éxito

Concluye recorrido por América Latina del alcalde Adams

Procedente de México y Ecuador, Adams tenía previsto acudir el sábado a Necoclí, un pequeño pueblo costero del Caribe colombiano que desde hace varios años sirve de paso a migrantes de distintas nacionalidades y que es la puerta de acceso al Darién, una inhóspita selva que une Colombia con Panamá.

En Necoclí, la suerte de los migrantes se divide entre quienes tienen dólares en el bolsillo y los que no. De los que tienen dinero, incluidos latinoamericanos y asiáticos, duerme en casas u hoteles por un alquiler de al menos 10 dólares. El resto permanece en la playa con carpas de plástico o a la intemperie cubiertos apenas con una manta.

Nueva York se ha vuelto el lugar de arribo de millas de migrantes. Sólo desde la primavera de 2022, ya son más de 122.000 personas en busca de asilo.

Al inicio de su gira, el jueves, Adams envió desde México un mensaje claro a los migrantes: “Mi casa es su casa”, pero “no tenemos más espacio” en Nueva York.

En la mañana del sábado, había una inusual presencia de policías ante la llegada de Adams a Necoclí. Hace unos meses, aquí se notaba sobre todo la presencia de haitianos; ahora se ven sobre todos los venezolanos.

Los migrantes suelen estar dispuestos a soportar grandes penurias con tal de darle un vuelco a su vida en Estados Unidos, pese a que el gobierno del presidente Joe Biden anunció esta misma semana que reanudará las deportaciones de migrantes venezolanos.

“Sí, hemos escuchado que están comenzando a deportar gente. Yo digo que a veces también es cuestión de suerte... si vienes solo tienes mucha posibilidad de que te deporten, pero si vienes con tu familia puede ser prioridad. Uno persigue el sueño hasta que uno dice: 'hasta aquí puede llegar'”, dijo a The Associated Press Miguel Rubén Camacaro, un venezolano de 33 años, al lado de sus hijos de 3 y 11 años que intentaban cubrirse de la lluvia en Necoclí. .

Camacaro, oriundo de Barquisimeto, sueña con llegar a Washington donde tiene una prima. Sin embargo, está varado en las playas de Colombia desde hace un mes a la espera de reunir 1.200 dólares para pasar la selva.

Por cada persona, los autodenominados “guías” cobran aproximadamente 350 dólares por llevarlos hasta “Loma de las banderas”, donde termina la frontera colombiana e inicia la de Panamá, el trayecto más peligroso. En la selva suelen ser víctimas de los “coyotes” y se arriesgan a todo tipo de peligros como la violación, extorsión, robos o incluso la muerte.

Pese a los peligros, Camacaro, asegura que prefiere la selva a “poner a aguantar hambre” a sus hijos, por lo que no le importa el llamado a detenerse que ha hecho el alcalde de Nueva York.

Para el venezolano, alguien como Adams “de repente lo ve de otra manera porque no ha pasado la situación que se está viviendo allá (en Venezuela)”. Dice que en su país, él apenas y ganaba cinco dólares al mes por conducir un autobús.

Así que Camacaro, seguirá aquí hasta que pueda continuar su camino a Estados Unidos.