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El Festival de Cine de Valdivia cumple 30 años sacando joyas pequeñas y olvidadas

El Festival Internacional de Cine de Valdivia cumple este lunes 30 ediciones con el empeño de perdurar y seguir creciendo, pero con el afán de no tener que renunciar para ello a su esencia, esa que le ha convertido en el certamen de referencia del cine independiente en América Latina.

Una muestra chiquitita, con las características de lo doméstico pero prestigiosa, evocadora de la belleza cinematográfica frente a la voracidad de las grandes producciones y la industria, que escudriña con cariño en el cine de todos los países en busca de esas joyas escondidas, a veces olvidadas, arrinconadas, y que merecen ser vistas, explica a EFE el director del festival, Raúl Camargo.

“Esperamos que sean 60, 90, 120. Básicamente, los festivales para su permanencia no tienen un secreto porque se van desarrollando de distinta manera y no hay como una suerte de modelo para el éxito. De hecho, tampoco queremos parecer o que somos exitosos” afirma en el exterior de uno de los centros de exhibición en esta pequeña ciudad del sur de Chile.

En conjunto, lo importante es la continuación de una forma de entender el cine y de una manera de relacionarse con la comunidad que implica que los desafíos se pueden ir haciendo de manera escalonada”, señala.

En este sentido, Camargo opina que todos los festivales de cine se parecen entre sí, incluso aquellos que se llaman “de resistencia” o se sitúan al margen de la gran industria, y que la diferencia que aporta Valdivia es la presencia de un equipo de “selección de películas, digamos profesional, dedicado, cariñoso” que le ha permitido desarrollar “un prestigio que está cocinado a fuego lento, con paciencia y con cariño, no buscando el excedente inmediato, no digamos sucumbiendo ante cantos de sirena sobre la espectacularidad, sino que más bien festival feliz de ser pequeño”.

Buscar joyas

El FICVladivia dura apenas siete días, con seis salas de proyección, trece películas provenientes de todo el mundo en la sección oficial, doce cortos latinoamericanos a concurso y seis Cortometrajes Infantil de Latinoamérica y el Caribe, todo ello acompañado por una serie de paneles sobre cine en una ciudad bella, pensada para caminar.

Este año pueden verse cintas de países tan lejanos como Camerún, Tailandia, y cintas procedentes de Bélgica, Estados Unidos, Perú, República Dominicana o Ucrania, que con «In Ukraine», de Piotr Pawlus y Tomasz Wolski, aspira a los premios.

“Yo creo que la lógica de un festival de cine es ser dialogante, atento, tener un perfil, tener ideas claras, pero también adaptarse. Es un festival realmente independiente. Es decir, que los contenidos que se dan en el certamen son contenidos que pone el equipo de programación. No hay intervención de terceros ni a nivel de embajadas de nivel político, ni de productoras, nada de eso. Todo lo que da está validado por nuestras personas”.

“Y aquí hay un eje importante que tiene que ver con el conocimiento, la historia del cine, que nos permite hacer homenajes y a su vez tener un buen ojo en el cine contemporáneo para poder dar películas que en general no están en las grandes competencias de los festivales más importantes, sino que más bien la parte más paralela, invisible, escondida”, argumenta.

Arte antes que novedad o producción

De acuerdo con esta estrategia, lo que hace Valdivia “es tener claro que el perfil no depende de la novedad” sin preocuparse por competir por las premiers, optando por “un cine artístico por sobre el valor de producción”.

“El objetivo es llegar a esas películas pequeñitas, frágiles, que quedan invisibilizadas en el circuito de los festivales independiente del país y que terminan acá porque extraña y con mucha rabia lo digo, se dan en su país de origen y luego desaparecen del mapa”, afirma.

“Las películas que damos son películas de valor de producción bajo, no alto, de una tendencia más bien no narrativa, más que de narrativa fuerte. Es decir, no son películas donde se instala un gran conflicto central, sino que son historias que se quieren más pequeñas, más íntimas, que revelan un mundo

Todo “eso permite tener un festival muy variado pero especial. Variado porque le tiene mucho amor a las películas. Tenemos películas que nadie tiene porque quizás no las quisieron ver o porque quizás le pusieron cinco minutos y no la encontraron buena y no se dieron el tiempo y el cariño de respetar a los que están detrás para poder rodarla”, insiste.,

“No se hacen tantas películas increíbles al año y las que se hacen a veces son tan pequeñitas que solo lo hacen en su país de origen. Y nuestra apuesta es buscar esas películas en Grecia, en Finlandia, en Camerún o en las islas del Caribe para plantear una selección”, concluye.