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Impulsando la verdadera inclusión financiera

En un mundo donde la tecnología redefine la manera en que nos conectamos y compartimos información, la inclusión financiera se presenta como un desafío clave.

Según el Banco Mundial, aproximadamente 2,500 millones de personas aún no utilizan servicios financieros formales, y el 75% de los menos privilegiados carece de una cuenta bancaria. ¿Cómo podemos cambiar esta realidad y avanzar hacia una inclusión que no solo brinde acceso, sino que también impulse la prosperidad y el desarrollo sostenible?

Repensando la inclusión financiera: Más allá del acceso

Durante mucho tiempo, hemos asociado la inclusión financiera con el acceso a servicios bancarios formales para aquellos con menos recursos. Sin embargo, es hora de ir más allá de este concepto y abrazar una visión más completa. Para lograr una verdadera inclusión, propongo centrarnos en estos 4 pilares esenciales:

1. Acceso/Vinculación:

El primer paso es brindar acceso a la apertura de cuentas a quienes aún no forman parte del sistema financiero formal, con esto garantizamos que puedan enviar y recibir dinero de forma fácil y segura. La digitalización ha desempeñado un papel crucial al minimizar barreras, permitiendo que este proceso se realice de manera rápida y segura, directamente desde dispositivos inteligentes.

2. Acceso a Medios de Pago:

La transición hacia herramientas de “dinero digital” es clave. Minimizar el uso de efectivo, costoso y riesgoso, requiere proporcionar alternativas como tarjetas de débito y crédito, junto con terminales de puntos de venta. Esto no solo facilita transacciones, sino que también amplía el mercado para los emprendedores.

3. Financiamiento:

El verdadero motor de la inclusión financiera reside en ofrecer financiamiento a la economía informal, un sector que ha estado vetado de la banca por mucho tiempo. Pequeños empresarios, como vendedores ambulantes o dueños de pequeñas tiendas, necesitan acceso a financiamiento formal a tasas más razonables que las ofrecidas por prestamistas informales. Cuando das financiamiento realmente se genera la inclusión financiera porque el cliente adquiere un compromiso con el sistema por mucho tiempo. Para hacer posible el financiamiento a estos sectores es imperativo modificar los modelos de evaluación de riesgos tradicionales de los bancos y adecuarlos a las condiciones de estos segmentos donde, por ejemplo, se puede considerar el flujo de caja diario en lugar de los requisitos financieros tradicionales, para valorar el riesgo de crédito del cliente. Esto, sin duda, podría transformar la realidad de estos emprendedores.

4. Educación Financiera:

Este pilar es transversal y fundamental. Es claro que “no compramos lo que no entendemos” por esta razón, mucha gente no accede a los servicios de los sistemas financieros, porque no los entienden y porque los bancos hacen lo posible generalmente hablan en términos complicados. Hablar de forma clara y transparente, educar a la gente en el uso de productos y servicios es clave para que más personas decidan vincularse orgánicamente a la banca.

El Desafío compartido: Banca, Reguladores y Supervisores

Aunque el camino hacia la inclusión financiera es un desafío, la responsabilidad recae no solo en los bancos sino también en los reguladores y supervisores. Las limitaciones actuales dificultan la creación de productos y servicios innovadores que podrían impulsar la inclusión. Es hora de superar estos obstáculos y colaborar para redefinir cómo abordamos a aquellos clientes que aún no comprenden por completo el sistema financiero.

La inclusión financiera seguirá siendo una asignatura pendiente hasta que decidamos cambiar nuestros paradigmas. Es tiempo de adoptar un enfoque más holístico, comprensible y accesible, para construir un futuro financiero más inclusivo y próspero. La responsabilidad es grande, pero la oportunidad de transformar vidas es aún mayor.