Un presente en distopía

Uno de los temas que más me apasiona, y que es parte fundamental de mi trabajo corporativo, es la noción de la exponencialidad. Alucino con el desarrollo que vamos experimentando en cada vez menos tiempo, y las grandes ventajas que pueden traernos para simplificar nuestra vida.

Hace poco más de un año, el mundo quedó perplejo con el lanzamiento de Chat GTP, y la posterior avalancha que ha venido con ello: la IA es parte fundamental del trabajo y la vida de cada vez más personas y, aunque todavía existen muchas mejoras por hacer, es impresionante cómo esta tecnología es capaz de hacer tantas cosas que hace un par de años apenas nos parecían una ilusión.

Ahora, con el reciente lanzamiento de los Apple Vision y las imágenes que hemos visto en redes de sus primeros usuarios, no dejo de preguntarme si estamos yendo en detrimento de nuestras relaciones humanas, por no hablar del aislamiento y la falta de contacto con nuestro entorno físico.

A mí en lo particular me preocupa que no seamos capaces de disfrutar de una caminata en una ciudad sin ubicarnos con unos lentes de realidad aumentada, o que seamos incapaces de no crear un lazo con nuestros seres queridos porque nos mal acostumbremos a tener una pantalla de por medio, como esas veces que hemos decidido tomar una foto del momento, en vez de simplemente vivirlo.

Las investigaciones señalan que la realidad virtual puede ser una herramienta muy eficaz para crear una experiencia inmersiva total en el proceso de enseñanza de niños y jóvenes, además de ser un muy buen canal para adaptarse a las necesidades de aquellos que tengan necesidades especiales, pues ayudaría a los educadores a recrear escenarios, texturas, olores.

En otro tipo de sistemas educativos, como carreras superiores, la RV es ideal para ayudar a los estudiantes a manejar instrumentos de forma práctica, realizar ensayos, tomar simuladores y, en fin, llevar al sistema educativo hacia otro nivel.

Mientras todo esto sucede, enfoquemos nuestra mente en el aquí y el ahora, en procurar nuestro bienestar emocional, en alimentar nuestras relaciones y en ser cada vez nuestra mejor versión, porque de lo contrario, cuando el impacto de la ola nos alcance, seremos incapaces de sobrellevarlo.

La tecnología es una valiosa herramienta, pero no debe ser el condicionante de nuestras vidas. Aprendamos a poner límites para no hacer de nuestra realidad un mundo distópico.

Fuente

Ismael Cala