Construyendo un destino con propósito más allá del sol y playa
La clave está en construir una identidad clara y coherente, y sostenerla en el tiempo. Un destino no se posiciona con una campaña aislada, sino con una estrategia que combine sostenibilidad, innovación y gobernanza.
Ana García-Sotoca
Con una visión estratégica que trasciende el turismo tradicional, Ana García-Sotoca ha logrado posicionar a La Romana como un referente de diversificación y sostenibilidad en el panorama turístico dominicano. Su liderazgo ha sido fundamental para transformar este destino, originalmente reconocido por sus playas, en un ecosistema turístico completo que integra certificaciones internacionales, inclusión social y experiencias auténticas. En el contexto de la evolución del turismo dominicano hacia un modelo más consciente y estratégico, Sotoca comparte su experiencia implementando programas innovadores como Bandera Azul y turismo accesible, demostrando que la sostenibilidad no es solo un compromiso ético, sino una ventaja competitiva real.
A lo largo de la entrevista, la directora revela cómo La Romana ha diversificado su oferta incorporando segmentos de alto valor como el turismo de lujo experiencial, el bienestar post-pandémico y las experiencias auténticas conectadas con las comunidades locales. Sus iniciativas abarcan los tres ejes estratégicos que en Factor de Éxito destacamos en esta edición: turismo de salud y bienestar, desarrollo de negocios y fortalecimiento del real estate turístico, siempre con un enfoque que prioriza la medición de impacto tanto en indicadores económicos como sociales y ambientales.
Desde su experiencia como líder, ¿cómo ha impulsado la transformación de La Romana hacia una oferta turística más diversa y sostenible en República Dominicana?
Desde la AHRB y el CTRB hemos trabajado con una visión muy clara: que La Romana no solo sea reconocida por la belleza de sus playas, sino por su capacidad de ofrecer un turismo sostenible, auténtico y competitivo a nivel internacional.
Esta transformación no ocurre de forma espontánea, requiere planificación, alianzas y liderazgo colectivo. En estos años hemos consolidado una gobernanza público-privada sólida, que nos ha permitido avanzar en agendas claves como la certificación Bandera Azul, la gestión sostenible del agua y los residuos, la accesibilidad turística, la protección del entorno marino, y el fortalecimiento de la oferta complementaria local.
También hemos impulsado herramientas que antes no existían en el destino, como el Observatorio de Impacto y Desarrollo Sostenible, que nos permite medir, evaluar y mejorar con base en datos reales.
Hoy La Romana es un destino que crece con propósito, que articula turismo, comunidad y conservación, y que proyecta una marca basada en la excelencia operativa, la sostenibilidad y la confianza institucional. Ese es el legado que estamos construyendo junto al sector y que guía cada una de nuestras decisiones estratégicas.
¿Cuáles han sido los principales desafíos empresariales y de gobernanza que ha enfrentado en la coordinación entre hoteleros, autoridades y comunidad local?
Con el tiempo, hemos aprendido que coordinar intereses diversos en un destino en crecimiento implica enfrentar desafíos complejos, pero también oportunidades valiosas.
Uno de los principales retos ha sido construir una gobernanza verdaderamente colaborativa, donde cada actor —sector hotelero, autoridades, comunidades y operadores complementarios— se sienta parte activa del modelo turístico. Esto requiere tiempo, escucha constante y una visión compartida de largo plazo.
En el plano empresarial, mantener la cohesión entre los hoteles, garantizar estándares de calidad comunes y promover la innovación sostenible en un entorno competitivo también ha sido clave. A eso se suman desafíos como el fortalecimiento de la oferta complementaria, la profesionalización del talento humano local y la necesidad de adaptar nuestros procesos internos a estándares internacionales sin perder identidad.
La articulación público–privada es otro eje donde trabajamos día a día: no siempre las velocidades o prioridades institucionales coinciden con las del sector empresarial, pero hemos logrado establecer una mesa de trabajo sólida, que prioriza el bien común del destino.
Hoy podemos decir que La Romana ha construido una estructura de gobernanza turística que es referencia a nivel nacional. Pero ese resultado ha sido fruto de asumir con seriedad los desafíos, de sostener relaciones con transparencia y de alinear los intereses individuales con una visión colectiva de desarrollo sostenible.
¿Qué estrategias ha implementado para fortalecer la reputación del destino y atraer inversiones responsables dentro del mercado turístico dominicano?
Para fortalecer la reputación del destino y atraer inversiones responsables, desde la Asociación de Hoteles de La Romana-Bayahibe (AHRB) y el Clúster Turístico de La Romana-Bayahibe (CTRB) hemos implementado una estrategia en tres ejes muy concretos.
Ambas organizaciones juegan un papel fundamental en la estrategia de diversificación y sostenibilidad que Ana Sotoca implementa para posicionar a La Romana como un destino turístico integral más allá del tradicional "sol y playa".
En primer lugar, la promoción de la marca destino. Hemos posicionado a La Romana como un lugar de experiencias únicas, combinando playas de calidad, biodiversidad y cultura. Esto lo hemos hecho a través de campañas digitales dirigidas a mercados clave. Esta estrategia nos ha permitido visibilizar la autenticidad de nuestro destino y fortalecer su atractivo en mercados emisores tradicionales y emergentes.
En segundo lugar, un compromiso activo con la sostenibilidad. No se trata de un discurso, sino de acciones tangibles: lideramos programas como Bandera Azul en nuestras playas, promovemos la restauración de arrecifes de coral junto a FUNDEMAR, y coordinamos programas de conservación costera que involucran a hoteles, comunidades y visitantes. Estas iniciativas no solo elevan la reputación ambiental de La Romana, sino que también generan confianza en inversionistas que buscan proyectos alineados con criterios ESG.
Por último, la construcción de alianzas estratégicas. Hemos trabajado de la mano con el Ministerio de Turismo, con autoridades locales y con organismos internacionales para garantizar un entorno de inversión seguro y transparente.

¿Cómo ha logrado que certificaciones como Blue Flag y proyectos de accesibilidad agreguen valor al destino desde el punto de vista de negocios y competitividad?
Vemos certificaciones como Bandera Azul y los proyectos de accesibilidad universal como auténticos diferenciadores competitivos. En el caso de Bandera Azul, su valor es doble: garantiza que nuestras playas cumplen con altos estándares ambientales y de seguridad, y al mismo tiempo nos posiciona en mercados clave como el europeo, donde este programa es ampliamente reconocido y valorado por los viajeros. Para un turista alemán, francés o español, encontrarse con la Bandera Azul en una playa de La Romana es sinónimo inmediato de confianza y calidad, y eso influye en la decisión de viaje.
En cuanto a la accesibilidad, nos ha permitido ampliar el alcance del destino hacia un segmento creciente: personas con discapacidad o movilidad reducida, que viajan acompañadas, valoran la inclusión y representan un mercado con gran potencial. Implementar playas, excursiones y hoteles accesibles no solo responde a un compromiso social, sino que abre nuevas oportunidades de negocio y fidelización.
En conjunto, estos programas han elevado la reputación del destino y consolidado la percepción de La Romana como un lugar que va más allá del sol y playa tradicional, apostando por sostenibilidad, inclusión y calidad certificada, lo que refuerza nuestra capacidad de atraer tanto turistas como inversiones responsables.
¿Cuáles son las oportunidades de crecimiento para el turismo dominicano que visualiza en los próximos años, y en qué segmentos considera que hay mayor potencial?
El turismo dominicano se encuentra en una etapa de madurez que exige ir más allá del modelo tradicional de sol y playa. Hoy las mayores oportunidades están en segmentos que responden a las nuevas motivaciones del viajero internacional.
Una de ellas es el turismo de lujo experiencial. Los visitantes de alto poder adquisitivo ya no buscan solo un resort, sino experiencias memorables: desde navegar hacia Isla Saona en un yate privado hasta disfrutar de cenas con identidad local o practicar golf en escenarios únicos como Casa de Campo. Este segmento, que combina exclusividad y autenticidad, tiene un gran potencial de crecimiento en La Romana.
Otra oportunidad es el wellness y turismo de bienestar. Tras la pandemia, la demanda de espacios que integren salud, naturaleza y relajación se ha disparado. Programas de yoga frente al mar, spas con productos locales, alimentación saludable y actividades de conexión con la naturaleza son elementos cada vez más valorados.
Al mismo tiempo, crece el interés por el turismo sostenible y auténtico: viajeros que desean conocer comunidades locales, visitar áreas protegidas, participar en excursiones responsables y descubrir la cultura dominicana más allá del resort.
Finalmente, hay que destacar la diversificación de mercados. Estados Unidos y Argentina mantienen un crecimiento sostenido, pero también hay oportunidades en Europa y Sudamérica. La autenticidad, la calidad de las playas y la diversidad de productos son factores que posicionan al destino de forma favorable frente a competidores caribeños.
El futuro pasa por combinar lujo, bienestar, sostenibilidad y autenticidad, construyendo un portafolio que no solo atraiga más turistas, sino que eleve el valor de cada visita y nos consolide como el destino más completo y competitivo del Caribe.
¿Qué indicadores empresariales y sociales utiliza para medir el impacto de la gestión turística en el desarrollo económico local?
Medir el impacto del turismo requiere mirar más allá de la simple llegada de visitantes. En nuestro caso, los indicadores empresariales incluyen la ocupación hotelera, la diversificación de mercados emisores y el nivel de reinversión en infraestructura y servicios. Estos datos nos permiten evaluar la competitividad y rentabilidad del destino.
En la dimensión social, analizamos la generación de empleos directos e indirectos, la participación de proveedores locales en la cadena de valor (transporte, artesanía, gastronomía), y el impacto en proyectos comunitarios como educación, salud o programas ambientales. También damos seguimiento a indicadores de sostenibilidad, el avance en accesibilidad universal y los resultados de programas de restauración de arrecifes y áreas protegidas, por ejemplo.
El valor de estos indicadores es que nos muestran no solo cuánto crece el destino en términos de turistas, sino cómo ese crecimiento se traduce en desarrollo real para las comunidades y en la protección de nuestros recursos naturales.
¿Cómo fomenta la innovación y el uso de datos para tomar decisiones estratégicas en la gestión del destino y la experiencia del visitante?
Para nosotros, la innovación no significa solo incorporar tecnología, sino transformar la manera en que gestionamos el destino a partir de evidencias. Utilizamos los datos para anticipar tendencias de la demanda, diseñar productos diferenciados y tomar decisiones que impactan directamente en la experiencia del visitante.
En el ámbito de recursos humanos, los estudios que hacemos nos ofrecen información concreta sobre las brechas de capacitación en el sector, lo que nos permite preparar talento alineado con las necesidades reales del mercado. Y en sostenibilidad, apoyamos tecnologías de monitoreo marino y costero que nos alertan sobre cambios ambientales y nos ayudan a actuar con rapidez para proteger los ecosistemas.
Desde su liderazgo, ¿qué consejos daría a otros destinos turísticos en República Dominicana que buscan diferenciarse y posicionarse en mercados internacionales?
La experiencia de La Romana nos demuestra que la clave está en construir una identidad clara y coherente, y sostenerla en el tiempo. Un destino no se posiciona con una campaña aislada, sino con una estrategia que combine sostenibilidad, innovación y gobernanza. Nuestro consejo a otros destinos es que inviertan en tres aspectos fundamentales:
-Primero, definir una propuesta única de valor, basada en su autenticidad: ya sea su cultura, su naturaleza, su historia o sus comunidades. Los viajeros internacionales buscan cada vez más experiencias genuinas, donde lo local se viva de manera real y no superficial.
-Segundo, apostar por la sostenibilidad como herramienta competitiva. Certificaciones como Bandera Azul o programas de accesibilidad no son solo símbolos ambientales o sociales: son argumentos de venta en mercados donde la trazabilidad y la responsabilidad son cada vez más determinantes para el viajero.
-Y tercero, construir alianzas sólidas entre sector privado, autoridades y comunidades. La gobernanza compartida es lo que da estabilidad a un destino y lo hace atractivo para la inversión responsable. Sin un marco institucional fuerte, ningún esfuerzo de promoción tendrá resultados duraderos.
La diferenciación y el posicionamiento internacional no se logran imitando a otros polos, sino mostrando lo propio con orgullo, gestionándolo con seriedad y comunicándolo con estrategia. Esa ha sido la lección de La Romana y creemos que puede inspirar a otros territorios del país.
El liderazgo de Ana García-Sotoca representa perfectamente la transformación que está experimentando el turismo dominicano. Sus estrategias basadas en datos, la apuesta por certificaciones internacionales y el compromiso con la accesibilidad universal no solo han elevado la competitividad de La Romana, sino que han establecido un modelo replicable para otros destinos del país. Como ella misma señala, la diferenciación no se logra imitando a otros polos turísticos, sino destacando la autenticidad local con orgullo y gestionándola con responsabilidad. Este enfoque ha convertido a La Romana en un destino que genera verdadero bienestar local, oportunidades económicas sostenibles y alianzas globales estratégicas, consolidando a República Dominicana como un hub turístico integral de relevancia internacional.